El feminicidio está creciendo de forma alarmante en México. En tan sólo un año, dicho delito creció en más del 50 por ciento en el país y en lugares como Campeche, Guanajuato, Jalisco o Quintana Roo, las tasas de crecimiento sobrepasaron el 70 por ciento de 2017 a 2018. Lo peor es que no hay una estrategia clara en el país, ni en los estados, para enfrentar dicho problema, por lo que es previsible, que la tendencia al alza se mantenga en 2019.

De hecho, las pocas propuestas que se han puesto sobre la mesa suelen ser insuficientes y en el peor de los casos retrógradas, como cuando en Veracruz se propuso un toque de queda para las mujeres en la noche. Es decir, se llega al absurdo de creer que como somos incapaces como país de garantizar su seguridad, la mejor solución es que no salgan de sus hogares. Lo cual, dicho sea de paso, es contrario a la Constitución y atenta contra principios básicos de equidad y de responsabilidad del Estado.

En todas estas soluciones no veo por ningún lado trabajo de inteligencia para saber cuáles son las razones que explican los incrementos. Un principio básico del enfoque de políticas públicas, es que no se puede pretender resolver un problema si antes no se tiene evidencia que clarifique las causas que lo provocan. Es decir, mientras los gobiernos no encuentren las causas de los incrementos, cualquier solución que planteen es una mera ocurrencia sin soporte.

Sin embargo, la construcción de cuerpos especializados que indaguen las causa, es en extremo urgente y deben tener presencia en los lugares con mayor incidencia y crecimiento, ya que resulta urgente salvar vidas y garantizar la paz y la seguridad de muchas mujeres en todo el país.

De igual manera, es importante que tengamos en cuenta que el feminicidio es parte de un problema más grande, que es el trato desigual de las mujeres en la sociedad, que entre otras cosas genera violencia intrafamiliar. Es decir, en realidad se trata de un ciclo que se autoalimenta, en donde actitudes socialmente toleradas envían el mensaje equivocado y unos comportamientos a la larga pueden derivar en otros de mayor gravedad, llegando incluso al asesinato.

Por ende, el abordaje del problema no requiere solo un componente de inteligencia y de acciones de presencia policial, sino también una parte educativa muy fuerte, que sin duda nos ayudará a disminuir el fenómeno en el mediano y largo plazo. Debemos pues, transitar a un esquema en donde la violencia contra la mujer sea reprobada por sectores más amplios de la sociedad, de tal forma que se genere un estigma con consecuencias positivas que mejore la calidad de vida de más de la mitad de la población de nuestro país.

Como ya lo mencioné, urgen acciones y un plan definido por parte del Gobierno Federal, de los gobiernos estatales e incluso de gobiernos municipales, en donde la participación de la sociedad civil y los medios de comunicación sea fundamental para lograr que este delito se reduzca en los siguientes años.

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