Ha tenido la noticia muchos vehículos.
La voz noctívaga del sereno que anunciaba hora y clima. El canto con rasgueo de guitarra, en el rancho, haciendo corridos con lo que pasaba. Mucho antes, la flecha que portaba un recado o la paloma mensajera que llevaba, atada a la pata, los informes lejanos.

Cabalgaba un raudo jinete atravesando llanuras. Llevaba páginas escritas devorando distancias. El alfabeto Morse telegrafiaba los mensajes a grandes lejanías, con el repetido binomio de sonidos largos y cortos. La telefonía acerca ahora la voz de los interlocutores a una proximidad asombrosa. El fax hizo olvidar el papel carbón de las antiguas copias mecanografiadas e hizo obsoletos los renglones de plomo fundidos para imprimir noticias en los diarios. Las redes ahora pueden hacer que un mexicano envíe y reciba textos instantáneamente,  tecleados por su amigo que está en China. Voz e imagen virtual sustituyen encuentros interpersonales, dando noticia inmediata de sucesos en crónica audiovisual. 

Cartas, estampillas, buzones y carteros han ido pasando a la historia.  El cara-libro (léase: Facebook o “feisbuc”) y el Twitter (léase: trino de pájaro) te dan la foto de las enchiladas que en ese momento está comiendo tu cuñado en un poblado del Estado de México. 

Las cámaras están en todos los teléfonos celulares del mundo. Letra, voz e imagen se volvieron instantáneas e inmediatas. La pantalla y la bocina  se abren a la realidad del acontecimiento y a la nube de información que responde todas las preguntas. Cada usuario, además, puede traer una biblioteca de cientos de volúmenes en un pequeño objeto multiusos que lleva en el bolsillo. 

Y en este relampagueo informativo sentimos una esfera mas de las que adivinaba Teilhard de Chardin, el jesuita arqueólogo. Ya no solo la litosfera de lo mineral, la biosfera de lo viviente, la noosfera de lo nteligente. Ahora también nos envuelve la informosfera (¿podría llamarse así?) de las vibraciones captables.

Y lo vergonzoso es que en esa última esfera ha surgido lo que algunos llaman la post-verdad (por copiar a post-modernidad) por no llamarla la noticia falsa. La que no tiene pruebas ni consistencia. La que no es verdad pero es una mentira que causará un impacto y dejará una impresión. La transmite la red, la prensa, la radio, la televisión pero también magnates con mandato de Gobierno para el bien común.

Datos distorsionados, acusaciones injustas, exageraciones de escándalo, frases fuera de contexto, a alguien hacer decir lo que no dijo, Se vicia así la comunicación generando desconfianza y escepticismo. “La verdad los hará libres”, se dijo hace más de dos milenios, en Galilea. La víctima damnificada de la falsa noticia acaba siendo la libertad…