Tras la exoneración por la supuesta colusión con el gobierno Ruso, misma que fue comunicada ampliamente el pasado 24 de marzo, el Presidente de los Estados Unidos anda desatado (más que de costumbre). Habrá que recordar que desde el inicio de su gestión, el sobrino predilecto del Tío Sam fue señalado por presuntos vínculos con el Kremlin. Los malquerientes aseguraban que las huestes del “Iron Man”, Vladimir Putin, habrían influido en las elecciones presidenciales de 2016, arrebatándole el triunfo a la demócrata Hillary Diane Clinton. Sin embargo, tras una exhaustiva investigación que se extendió por más de dos años (al menos así lo dijo el Fiscal Especial para el caso, Robert Mueller), el mandatario norteamericano y su equipo fueron eximidos. Como suele suceder, una vez libre de pecado, Mr. Trump se dio a la tarea de tirar piedras a todo lo que se moviera. Así, frente al rifirrafe que se traen en aquellos lares por las resoluciones del Senado y la Cámara Baja contra la emergencia nacional que se decretó con el único propósito de financiar la construcción del muy mentado muro,  ahora, el magnate convertido en presidente amenazó con cerrar la frontera entre México y los Estados Unidos, si el gobierno de nuestro país no detiene por completo la migración ilegal hacia su territorio. Al mismo tiempo, el gobernante de las barras y las estrellas ordenó la devolución inmediata de los solicitantes de asilo y anunció el despliegue de – al menos – 750 oficiales más en el cruce con México; lo anterior, en un claro afán por robustecer (aún mas) las políticas migratorias y reforzar la seguridad en la frontera. Por su parte, la Secretaria de Seguridad Nacional de aquel país, Kirstjen Nielsen, dio a conocer que - en breve - contrataran los servicios de un Zar fronterizo que se encargue de coordinar las acciones desarrolladas por las diferentes agencias federales en la materia. 

Seguramente está blofeando, aseguraba Don Héctor ante lo que consideraba una fanfarronada y,  tal vez - en este caso - así sea; sin embargo, debemos ser cautos. El Güero Trump sabe bien que de cumplir su amenaza, las terribles consecuencias económicas llegarán más temprano que tarde. Ayer mismo, la primera plana del rotativo VANGUARDIA dio cuenta sobre la trascendencia de los cruces fronterizos. Diariamente, el intercambio comercial entre ambas naciones asciende a los mil 700 millones de billetes verdes, mientras que un millón de personas, 300 mil vehículos y 70 mil camiones de carga, cruzan la frontera cada 24 horas. En ese contexto, la franja limítrofe representa el 21 por ciento del PIB en México.

Pese al oprobioso ultimátum que tuvo a bien recetarnos el acaudalado neoyorquino, el Gobierno de México lanzó la señal de pace and love (como la del inolvidable Rigo Tovar, pero sin brinquito). Mediante una improvisada consulta a mano alzada, el pueblo bueno y sabio se convirtió en consejero de relaciones exteriores y dictó la postura que debía asumirse frente la bravata del vecino del norte. En un evento de entrega de apoyos correspondientes a los programas integrales de bienestar, Andrés Manuel López Obrador dijo ante cientos de beneficiarios: “Yo quiero aprovechar para dejar de manifiesto que no nos vamos a pelear con el Gobierno de los Estados Unidos”; luego preguntó: “¿o quieren ustedes que yo conteste?”, a lo que los asistentes respondieron a coro: “no”; “¿verdad que debemos llevar buenas relaciones con el Presidente Donald Trum?”, cuestionó de nueva cuenta, al tiempo que los presentes contestaron: “sí”. Más tarde, el mismo Presidente López difundió el video de aquel encuentro en su cuenta de Twitter y posteó: “En Poza Rica, Veracruz, les consulté a mis asesores y verdaderos expertos en política exterior. Miren lo que sabiamente me recomendaron los de mi Think Tank”. Por su puesto, las reacciones en uno y otro sentido no se hicieron esperar.

Aquí en confianza, mientras que el principal inquilino de la Casa Blanca endurece su discurso migratorio en contra de México, acá nos lo tomamos a la ligera. En tal escenario, los malpensados y analistas políticos de cafetería se hacen las mismas preguntas: ¿De qué se habrá hablado en la cena “fifí” celebrada en casa del Vicepresidente de Televisa, Bernardo Gómez y en la que el invitado especial fue nada menos que el yerno y principal asesor de Trump, Jared Kushner? ¿Será que en aquella encerrona el Presidente López Obrador prometió a su homólogo del norte “amor y paz”? Al tiempo.