Según un estudio presentado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el 2020, la pandemia ha afectado los servicios de salud mental en 93 por ciento de 130 países consultados.

Y si tomamos en consideración que antes de que el mundo cambiara, los países destinaban el 2 por ciento del presupuesto nacional a este rubro, entendemos que la sociedad está de cabeza y nadie hace nada para remediarlo.

A nivel local, los servicios más solicitados en instancias como el DIF fueron precisamente los psicológicos; en redes sociales aumentaron las consultas en línea, por teléfono, también se abrieron grupos de ayuda virtuales... pero, ¿cómo es vivir con una persona cuya salud mental está comprometida en esta pandemia?

La emergencia sanitaria por el coronavirus ha llevado a las personas no sólo a la cama de hospitales, sino en sus casas, las ha aislado, las ha deprimido más, siendo un proceso doloroso del que sienten que pocas veces van a salir.

El trastorno de ansiedad generalizada, uno de los más comunes en adultos, se manifiesta desde temprano con nauseas matutinas que impiden comer; a lo largo del día, la sudoración, la taquicardia en ocasiones, pensamientos de alerta y la incapacidad de mantenerse tranquilos a no ser que estén medicados, son parte de la rutina.

Y si a eso agregamos que quienes trabajan fuera de casa han tenido que lidiar con el temor de contagiarse, o al haber tenido pérdidas de amigos o familiares por este motivo, entenderemos que su angustia es mayor.

Pero nadie lo ve, nadie lo nota. Todos ofrecemos ayuda a quienes se atreven a compartir que pasan por momentos difíciles, pero realmente nadie quiere  enfrentarlo.

Uno de los gravísimos errores que tuvieron los servicios de seguridad social en México fue quitar las consultas de especialidad por la pandemia.

Quizá era necesario por el problema de amplísimas dimensiones, pero no tuvieron en cuenta lo que indicó la OMS desde el inicio, el cuidado de la salud mental es fundamental. 

Muchos pacientes de psiquiatría han tenido que migrar a otros centros de salud para atenderse, lidiando con los altos costos que implica y con el tabú de una sociedad conformada por humanos que se niega a la comprensión de los suyos. 

El mundo está en deuda con ellos también.

Laura Vargas. Comunicóloga y periodista.