Seis días del nuevo año bastaron para que la violencia feminicida inaugurara su deleznable conteo en la comarca lagunera. Y como si este delito no representara de por sí un doloroso flagelo, el primer caso de 2020 cobra mayor dramatismo cuando la víctima es una niña de apenas cinco años: la pequeña Carol, quien murió a manos de su padrastro, Salvador, con la aberrante complicidad de Blanca Estela, su propia madre.

La tarde del Día de Reyes, Carol ingresó con lesiones graves al Hospital General de Lerdo, Durango y nada se pudo hacer para salvarle la vida. Fueron sus propios agresores -su madre Blanca Estela y su padrastro Salvador- quienes la habían llevado al nosocomio. Allí, el personal médico emitió la alerta a las corporaciones policiacas porque notaron que los golpes en el cuerpo de la niña evidenciaban una violencia sistemática, además de que presentaba signos de abuso sexual. Blanca Estela fue detenida en los pasillos del hospital y la Fiscalía de Durango buscará sentenciarla a 45 años de cárcel por feminicidio y coparticipación en el delito de abuso sexual, mientras que Salvador, que fue ubicado más tarde mientras intentaba darse a la fuga, podría enfrentar una pena de 85 años por los delitos de feminicidio y violación. 

Al ofrecer su testimonio frente a las autoridades, vecinos de la familia relataron que la pequeña Carol llegó en varias ocasiones a pedirles comida, lo que habla de las inhumanas condiciones en que vivía no sólo ella, sino también sus dos hermanos: Julio, de 14 años y Elías, de 11, que aseguraron ser también víctimas de un maltrato recurrente. El 2019 cerró en Durango con 10 feminicidios, de los que 6 correspondieron a La Laguna. Cabe recordar que este delito se duplicó en Coahuila al pasar de 11 en 2018 a 22 el año pasado.

La cruenta historia de la pequeña Carol hace recordar la de Milagros, la niña de 2 años originaria de Matamoros, Coahuila, que murió en mayo del año pasado también por golpes ejercidos por su padrastro, quien en octubre fue vinculado a proceso. Dos casos tan similares como indignantes en menos de un año, en una misma región, ponen de manifiesto la descomposición social cada vez más acentuada y que han colocado a la violencia doméstica como uno de los delitos que ha encendido con mayor intensidad los focos de alarma (en este mismo espacio, la semana pasada, nos referimos ampliamente a ello).

Justamente ayer, mientras se conocían los detalles en torno al feminicidio de la pequeña Carol, la Red por los Derechos de la Infancia en México informaba que durante 2019, mil 471 niños fueron asesinados en todo el país. Es decir, cada día del año pasado murieron 4 niños en el territorio nacional: 636 de esos homicidios fueron dolosos y 836 culposos. 59 de las muertes se tipificaron como feminicidio.

Pero lamentablemente la infancia mexicana se ve sometida a prácticamente todas las formas de violencia. Además de los homicidios, la cifra de carpetas abiertas por el delito de corrupción de menores sumó el año pasado mil 062, pero si se añaden los casos que datan de 2015, el total alcanza 6,632. Se contabilizaron también 2 mil 300 niñas y niños víctimas de lesiones culposas, 48 de rapto, 105 de secuestro y 90 de trata y tráfico de menores.

Deplorable que el conteo de víctimas de feminicidio haya comenzado tan rápido este año, en un país que aún se tambalea por las sacudidas de un año tan violento como lo fue 2019. Pero más deplorable aún que este primer caso en la región tenga el rostro de una niña inocente de apenas 5 años.


@manuserrato
Manuel Serrato
PRÓXIMA ESTACIÓN