Aún y cuando siguen saliendo despistados que lo alaban y que creen que es un gran estadista o negociador, quiero pensar que a estas alturas no debería ser novedad para la gran mayoría de los mexicanos que el presidente de los Estados Unidos no tiene mucho afecto o cariño por México. Es cada vez más común ver que muchos, dentro y fuera de Estados Unidos, han ido normalizando el estilo y las actitudes del señor Trump y piensan que poco a poco irá moderándose para verdaderamente convertirse en un perfil más presidencial. Les adelanto que eso no sucederá.

Desde el primer minuto, Trump arrancó su campaña como pre candidato del Partido Republicano atacando a México y a los mexicanos. No parece ser solamente una estrategia electoral, sino un verdadero odio que raya en la xenofobia. De aquel famoso “no nos mandan a sus mejores personas…”, pasando por una negociación del NAFTA humillante para México, donde hizo lo que quiso, ensalzando a líderes autócratas en el mundo mientras ofende a los socios y amigos tradicionales de su país. Ahora debemos estar listos para la recta final de las campañas de las elecciones intermedias (Poder Legislativo) donde ya se ve venir que el tema que pondrá en la mesa es la migración.

Eso pone a México, una vez más, en la mira del “bully” y será normal que siga atacando a los mexicanos (que para él es cualquiera que quiere cruzar el río Bravo de sur a norte, no importa que vengan de Honduras, El Salvador o Guatemala). Mientras, México está en medio de la ridículamente larga transición presidencial, con un presidente en funciones que dejó de contar hace muchos meses y con un presidente electo que está más preocupado en su vuelta olímpica interminable de celebración (como si ganar la elección es lo que arreglará al país). Ese vacío real de poder será aprovechado por Trump para reforzar su campaña electoral basada en el miedo, en el racismo, en el muro fronterizo.

Sin duda, México y los mexicanos seguirán siendo la piñata favorita de Trump, abusos y ofensas que se irán sin intento de respuesta de ninguno de los “dos gobiernos” que tenemos. El presidente saliente (EPN), seguirá ocupado en tratar de tapar el ojo con un dedo, protegiendo “su legado” y alineando amparos para lograr impunidad eterna. Sabe que su principal error y gran parte de ese “legado” fue la desastrosa invitación que hizo a Trump cuando era candidato y no le quedará otra más que redoblar su apuesta pro-Trump, haciéndole el trabajo sucio, fingiendo que tiene una gran relación, festejando un tratado comercial que no es mejor que el anterior y convirtiéndose en el policía de los americanos en la frontera con Guatemala. Mientras, el presidente entrante (AMLO) seguirá en sus baños de pueblo, distrayendo la atención con la consulta del aeropuerto, haciendo declaraciones ambiguas que requerirán páginas enteras para tratar de entenderlas. Seguirá el gabinete entrante confundido en lo irrelevante y olvidando que se vienen épocas difíciles no solo por el maltrato de Trump, sino porque el ciclo económico positivo se está acabando, las tasas de interés seguirán en aumento y el proteccionismo americano no cesará mientras Trump siga al mando. No podremos salvar ningún honor mientras se mantenga la idea de que es mejor tener una política exterior de no intervención, lo cual en pleno siglo 21 es una barbaridad.

Al escribir estas líneas no hay postura clara de parte de AMLO sobre la caravana migrante en la frontera sur de México. Este es el primer reto relevante sobre un tema importante que tendrá AMLO aún sin ser presidente. La forma en la que reaccione marcará en gran medida su autoridad moral frente al “bully” del Norte.

@josedenigris

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