El presidente López Obrador y todo su equipo parecen empecinados en no sólo no ajustar sino en reforzar el rumbo en cuanto a su estilo de comunicación y prioridades de gobierno. Arropados por el claro mandato que se les otorgó en 2018 y las encuestas que, a pesar de la crisis y la pandemia, lo colocan en niveles de aprobación superiores al 60 por ciento. México está partido en tres: los que ven todo mal, los que ven todo bien y quienes estamos en medio tratando de encontrar y cantar los strikes y las bolas conforme a nuestra mejor interpretación de la realidad.

El estilo de comunicación del Presidente es, por naturaleza y tal vez por diseño, una constante provocación. Lo que él califica como “diálogo circular” no es más que una serie de monólogos interminables y permanentes que no aceptan pregunta que pueda parecer crítica o que ponga en tela de duda “los otros datos” que se han convertido en “los únicos datos”. Es cosa normal que las mañaneras sean simulacros de comunicación con reporteros en su mayoría afines (como Lord Molécula) que traen preguntas diseñadas para darle rienda suelta al tema y ángulo que el señor Presidente quiera tratar ese día. No parece haber nadie en esas mañaneras que se atreva a cuestionar ni una coma de lo que sale de boca del Presidente. Y la tendencia no es nada prometedora. AMLO y su círculo cercano sólo refuerzan su verdad y versión de los hechos. No importa el tamaño de la exageración ni el tema, son portadores de la única verdad, la verdad del jefe. Así, el Presidente puede hablar de que hay 10 mil cuadrillas de vacunación, cuando no las hay; de que llegarán millones de vacunas en tal o cual fecha, cuando no llegaron; que nadie pone más vacunas diariamente que México, cuando todos (tal vez menos él) saben que es una mentira tan grande como la pandemia; que el aeropuerto de Santa Lucía es el más importante en construcción en el mundo; que la economía de México va bien. Uno pensaría que el mandato democrático con votación récord y las encuestas tan favorables de las que goza hoy en día, harían innecesarias la exageración y la mentira.

Pero no, el Presidente dobla la apuesta en cada oportunidad, borracho de poder y sabiéndose inmune a la crítica o al cuestionamiento de esa realidad que sólo existe en su mente. Pintar un panorama que no existe más que en su mente debería ser una señal de que perdió el piso, pero aun así, hay un porcentaje alto de mexicanos que alaban cada palabra que sale de su boca, no importa el tamaño de la mentira o la exageración. Es indudable que en la era de la información, pero también de la posverdad, cada quien se construye su propio mundo y el que ha construido el Presidente mexicano y que han adoptado millones de mexicanos nos pone en una ruta de colisión contra esa pared llamada realidad. El problema es que no parece haber forma de bajarse de ese tren; estamos todos, los que aplauden, los que gritan y los que buscamos la salida atrapados en el tren con un maquinista que sabe que la vía se acabará pronto, pero se empeña en acelerar a fondo. Un piloto que cree que una pista polvosa se puede vender como un nuevo aeropuerto de clase mundial. Después de todo, ya aterrizaron ahí tres aviones comerciales (¿alguien le dijo que no llevaban pasajeros?). Y qué mejor metáfora que una pista (la realidad) para un avión (México) que no levanta, manejado por un piloto (AMLO) que niega la realidad, con una torre de control (gabinete) que no funciona. La pista se le está acabando, pero no quiere aceptarlo.

No ha podido reconocer que no existe prioridad más importante que implementar cuanto antes la campaña de vacunación. No ha dado muestras de entenderlo así y se congratula que su equipo, a cargo del Dr. Gatell, aplique vacunas con la idea de no acabarse el inventario que tienen, cuando la prioridad debería ser aplicarlas todas cuanto antes. Si son las farmacéuticas quienes han faltado a sus compromisos, nadie lo acusará de que se le acabaron las dosis muy rápido. Una vacuna que no está en el brazo no es vacuna. Así, vivimos en un país donde el Presidente cree que es más relevante inaugurar una pista militar (porque muchos que lo apoyan entenderán que ya se inauguró el aeropuerto más importante del mundo) y que no es capaz de entender que una “campaña masiva de vacunación” con (supuestamente) 10 mil cuadrillas que aplica un promedio de 3 mil 092 dosis por día (en la semana que terminó el viernes 12), es un fracaso total de un plan que no existe o no es ejecutado como debe ser, ni con el Ejército a cargo. Es difícil diagnosticar lo que sucede con el Presidente, pero las señales de esquizofrenia son cada vez más preocupantes. Ver cosas que no están ahí (o datos, o aeropuertos, o vacunas, o crecimiento) es una señal que debería alarmar a cualquier médico.