Percibo una sociedad polarizada, más o menos airada, movida principalmente por emociones, como el miedo, el enojo, la esperanza o la euforia, que se manifiesta a favor o en contra de palabras y dichos del Presidente, más que de sus acciones concretas. Percibo esas señales por todos lados.

Percibo alarma en muchos que temen un cambio radical, veo otros que aplauden y esperan; y alcanzo a percibir a otros más, decepcionados porque esperaban más de la 4T. Todos o casi todos se manifiestan a gritos.

Parece cierto que vivimos un periodo de gran polarización política, tanto en México, como en el mundo. Mirado en perspectiva, el fenómeno no es tan novedoso, ha ocurrido en otros momentos de la Historia; lo novedoso quizá sea la presencia de las redes sociales que han posibilitado la proliferación de voces fuera de control y han amplificado su impacto en nosotros.

Pareciera que los tonos de gris pasaron a mejor vida, todo se percibe en blanco y negro. Los adversarios de ayer, se convierten en enemigos y la discusión pasa del tono civilizado al insulto y a la descalificación. En México hoy, eres “chairo” o eres “fifí”, no hay de otra. Esta polarización invisibiliza los matices tanto en la derecha, como en la izquierda y en el centro.

Cosa parecida sucede en Brasil, Hungría, España o Inglaterra. Por fortuna quedan países donde la política todavía es un ejercicio civilizado, donde los radicales de cualquier signo siguen siendo minoría, pienso en Canadá, Chile, Costa Rica, Japón o Alemania. Al menos Japón, Alemania y Chile saben que la polarización no trae nada bueno. En otras naciones, la fortaleza de sus instituciones es tan sólida que todavía logran contener la locura de sus dirigentes, me parece que Italia y Estados Unidos son ejemplos de ello.

Desde 2006 México ha estado viviendo en plena polarización, aunque la clase dirigente no se percatara de ello desde sus posiciones de poder. Hoy, los papeles invertidos, la polarización aflora y se expande, todos empezamos a ser conscientes de ello. Todos los días, el Presidente ataca, sus seguidores se hacen eco de cuanto éste dice y sus adversarios radicales se tiran al suelo y se flagelan, anunciando un día sí el otro también, un ”Apocalipsis Mexicano” que no llega.

No debemos perder de vista que esta polarización apenas está comenzando. El Presidente seguirá apostándole, porque le beneficia seguir siendo el centro de toda discusión. Gracias a ello, consigue ser el novio en todas las bodas, el niño en todos los bautizos y el difunto en todos los sepelios.

Las oposiciones están tan divididas hacia dentro y hacia afuera, que sólo los unifica su animadversión al Presidente; en consecuencia, sólo podrán actuar en razón de su oposición a AMLO, lo que fortalece su imagen de “ajonjolí de todos los moles”, como eje avasalladoramente dominante de la política mexicana.

Si ello nos intimida o preocupa, abrochémonos el cinturón, porque apenas estamos viviendo los “rounds de sombra”, veremos la verdadera pelea en la elección intermedia de 2021. En esa elección México se partirá en dos: los que apoyan al Presidente y los que lo aborrecen.

El propio Presidente así lo quiere, votaremos su permanencia o la revocación de su mandato. Supongo que las oposiciones construirán una campaña ingeniosa, fuerte y saldrán unidas. El escenario se complicaría si tuvieran que hacer propuestas en común. Si pierden, la crisis se agravará. Unos y otros se echarán la culpa, mientras que los seguidores de AMLO no tendrán misericordia alguna desde su recién estrenada hegemonía. Ese México veo venir, vemos ya sus primeros pasos, preparémonos porque la polarización se va a poner peor.

Twitter: @chuyramirezr