La autenticidad y calidez de la relación padre-hijo se hizo latente cuando el hombre se dio cuenta que a él mismo le faltó recibir de su propio padre más afecto y demostraciones emotivas.

El verdadero apoyo que todo ser humano necesita en el proceso de convertirse en persona no consiste en vivir con un juez implacable; el brazo ejecutor de bofetadas, palizas o cintarazos, sino en tener en su vida un ejemplo a seguir. 

Un padre entrañable es el compañero de vida que sabe escuchar y entender cualquier cosa, alguien con quien se puede hablar sin tapujos o reservas, el ser humano que es la verdad misma al admitir preguntas y responder a cada una de ellas desde el fondo de la experiencia adquirida en la universidad de la vida.

Como hija única de Catalina Guajardo Rodríguez (saltillense) y Ramiro Leal Leal (tampiqueño), pronto descubrí que papá era de mente abierta como el mar. El proveedor de respuestas y ejemplos claros sobre cualquier tema que demandaba mi insaciable curiosidad. Su mente ágil formulaba preguntas capciosas que me hacían ir más profundo en el conocimiento de un tema y de mí misma.

“Observa” –decía con frecuencia–. Lanzó una pequeña piedra en la Laguna del Chairel, se formaron círculos concéntricos que se extendieron más de lo que yo pudiera suponer. Entonces dijo: haz lo mismo al ver con los ojos de tu mente y sabrás cómo hacer realidad algo que ahora te parezca difícil o imposible de lograr. También me enseñó a contar dando pasos en el muelle hasta cubrir la distancia de proa a popa el costado de un barco carguero que, una niña de cuatro años, veía como un enorme edificio.

Papá era un hombre con buena estructura física, con él me sentía absolutamente segura. Un día en Saltillo, a mis 13 años, dijo: ven vamos a dar un paseo y luego a la “Nevería Nakasima”. Era de noche y caminamos por los corredores interiores de la alameda, él miraba de reojo a las parejas que ahí se encontraban; hice lo mismo.

En la nevería preguntó: ¿qué diferencia encuentras aquí? Que hay mucha luz, dije: llegan parejas de novios, tal vez, el muchacho es atento con la chica, se ve orgulloso y contento de estar con ella. Debo decir que cuando mi papá me hablaba de usted, ¡aguas! “Usted no se deje manosear, porque las que se dejan manosear son como las tortillas de arriba; todos la manosean, nadie se la come y cuando se enfría la echan al desperdicio para que se la coman los marranos”. Esta explicación clara y simple sobre sexualidad, entonces tema tabú (1958), me permitió vivir y disfrutar todo a su debido tiempo.

Otro día tomó una hoja de papel tamaño oficio, la dobló en sentido vertical para formar cinco columnas y dijo: cuando sientas pensamientos que te azotan como si fueras palmera resistiendo un huracán, escribe en cada columna un título así: Esto temo / Esto me preocupa / Esto me molesta / Esto está en juego/ Esto haré. 

Llena hacia abajo todo lo que cruce por tu mente, sin evaluar o desechar nada. Deja que tus temores llenen por completo la primera columna. Luego continúas con las demás, te sorprenderá comprobar cómo todo se aclara y resuelve
 si lo enfrentas. ¡Gracias papá!
¡Decídete a ser feliz hoy! 

@_A_lfonsina 
Alfonsina
Vértice