El Cardenal Beltrone se dispone a bendecir las reliquias de San Juditas en el altar de la Catedral. Su sotana rojiblanca y anillo cardenalicio imponen respeto. Hincados frente a el, con cabeza inclinada, están (en orden alfabético) Jericó Abramo, Hilda Flores, Javier Guerrero, Alejandro Gutiérrez y Miguel Riquelme.

Pragmático, Beltrone utiliza un aspersor manual para bendecir las reliquias de los ahí presentes. Acto seguido, inicia el rezo de los cinco misterios del rosario, con todas sus letanías; mientras los matachines danzan en el atrio.

Terminada la oración, Su Excelencia interroga a los feligreses: “¿Listos para comer?”. Entonces los devotos, con una sonrisa sacan sus “topers” de distinto tamaño. El más descarado trae uno tamaño “rotoplas”. Sin inmutarse, Beltrone continúa: “Esta vez, le bajamos a la carne de puerco porque está muy cara y además es cancerígena”. (“No por ello, dejaremos de vender los 500 marranos que alimentamos para esta festividad”, piensa para sus adentros). Por favor, cómanse el “asado con chile colorado” sin preguntar por la receta. (“Esa es secreta, y no la compartiremos hasta que nos lleguen al precio”, razona para sí mismo). 

“Otra advertencia, para que no pequen de palabra,obra u omisión, en contra mía o de la Santa Iglesia; en lugar de siete sopas,sólo habrá una, porque no hemos aterrizado las reformas estructurales para mejorar la economía de la Diócesis”. (“Y mucho menos, la economía de las familias, que son parte de la misma”, concluye a su interior).

“Salgan, hermanos, al atrio. Ahí están las cazuelas con la comida ya bendecida”. Atropellándose, entre gritos, los creyentes salen en tropel. Mientras, Abramo, Flores, Guerrero, Gutiérrez y Riquelme permanecen arrodillados, con cabeza baja, en silencio.

Condescendiente, el Cardenal los mira y espeta: “San Juditas Tadeo es el Santo de los casos difíciles y el camino para acercarnos a Jesucristo, pero lo que ustedes pretenden es llegar a la gubernatura de Coahuila en 2017. No finjan humildad, para cubrir su ansia de poder. Somos de los mismos, no lo olviden”. 

“Ahora, pasaremos a mi comedor personal a degustar el asado con las siete sopas, beber vinos parrenses y comer postres paradisíacos. El que al final de la comida no se indigeste, será el que bendeciré para ser el Gobernador de Coahuila. 

(Continuará)