Por: Ernesto Ayala

“El que llama o requiere siempre lo hace cuando más le interesa y menos trabajo le cuesta y sin la mínima consideración ni pensárselo dos veces”.Va Mina, la protagonista de la nueva novela de Luis Mateo Díez, Juventud de cristal, no la conocemos tanto y tan profundamente por lo que ella cuenta de su pasado, de su temprana juventud, como por lo que dicen de ella quienes la han tratado. O de sólo haberla rozado, como si algo de ángel tuviera. Vaya por delante una declaración de principios. Soy un admirador incondicional de la narrativa de Luis Mateo Díez. Puede que ello reste credibilidad a lo que escriba sobre su novela. Pero lo cierto es que nunca me ha decepcionado ninguno de sus libros. Fiel a su poética. Y sobre todo fiel a lo que él mismo ha dicho de su literatura hace unos días: “Mi realismo es irrealismo”. Creo que aquí estriba la esencia de sus novelas. Partir de la irrealidad, como método de representación, para iluminar el paisaje de la realidad más palpitante, que diría la Pardo Bazán. Mina escribe desde su madurez. Sólo lo que nos relata de su juventud llena de gente extraña en un mundo no menos extraño. Todo lo narrado transcurre en una pequeña localidad de la mítica Celama. Mina es una chica nacida como para curar enfermedades incurables. En esa tarea se deja heridas que cicatrizan con naturalidad. El pueblo es Armenta. Allí hay un cine derruido, el Cine de los Sustos, además del nuevo. También hay un baile, el Baile de Corales. En la memoria de todo enamorado que se precie, siempre hay un baile de pueblo.

Juventud de cristal 
Luis 
Mateo 
Díez
Editorial Alfaguara
240 pp.
2019