1

¡Cómo llegó a pasarle esto a los naranjos, a la mandarina y al toronjil! Esto de helarse en invierno hasta sus huesos vegetales. ¡Cómo! Cuando el verano iba a estar seco como garganta de muerto.

 

2

Se le da extrañar plantas más que personas, a mi madre, enamorada de los jardines.

 

3

Siguen en su ondular los listones rojos y amarillos entre los troncos, se enlazan a los cuerpos secos que muestran trazos del serrucho.

 

4

El peladero del jardín se enfrenta con una manguera. Allí va Enrique. Cambia a pleno mediodía, el hilo de agua para que reverdezca algo en aquel polvo que sigue ganando terreno.

 

5

Por años la casa recibía la sombra de los naranjos. Ahora se siente sola en su blancura.

 

6

Sostengo un delgado brazo del persimonio que ha sido dañado por el perro. Enrique coloca hilo verde y suave alrededor para lograr que pegue lo que se ha quebrado. Agregamos una vara pequeña, ese tutor que permanecerá a su lado para cuidar que sane. Buscamos que la forma del tutor siguiera una curva, imitando la línea del delgado brazo del persimonio, para que su energía se ocupe solo en sanar y no en redirigir el crecimiento.

 

7

Verdiacidulado es el color de las hojas que nacen entre los troncos. Solo en la parte más baja ha triunfado la savia que ya corre por la corteza.

 

8

Aquí entrego trazos del segundo libro que escribe mi madre, con quien hoy, entre pastel de chocolate y vino rosado, celebro el abrirse de los úteros. Ella, Agripina María Fuentes Montemayor, lee en voz alta: “Extraño mucho a los anteriores habitantes de mi jardín (…) la nochebuena, reina del jardín cuando los demás dormían y a la que ponía veladoras para que en la noche también luciera (…) Ahora he invitado a desconocidos: un persimonio, tres lirios del valle, un rosal jaspeado, otro amarillo, una parra y seis coyoles. Pero qué bello era mi jardín con la madreselva en la ventana, los lirios azules blancos y amarillos, las tres variedades de violetas y narcisos (…)”.

 

9

Cuelga un caracol de mar en la mandarina. Imagino que le comparte mensajes de otra agua y otras sales. Alucino que sus conversaciones mantienen el espíritu del árbol, en ese sitio todavía.

 

10

Mi madre es un a flor jaspeada que, luminosa, devora nueces y agua de semilla de aguacate.

 

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