Es presidenta de NapawikaTibupoKawi, A.C. que en lengua rarámuri significa ‘Cuidemos juntos nuestro bosque, nuestro entorno’

Este nombre de mujer seguramente no les recordará a alguna persona conocida, pero ella es la orgullosa Siriame (gobernadora) rarámuri de la Ciénega de Norogachi, municipio de Guachochi, Chihuahua. Me contacté con María Luisa gracias a mi amiga Dolores Barrientos Alemán, quien se refirió a ella como un ser humano excepcional, y no se equivocó.

En una conferencia que ofreció esta notable tarahumara, habló solemnemente de sus hermanos los árboles, de la importancia del agua en la memoria histórica de sus ancestros siempre presentes en las prédicas y en la impartición de justicia que le corresponde ejercer para mil 600 familias de 25 localidades en un radio de 120 kilómetros.

María Luisa Bustillos Gardea nació el 2 de mayo de 1965 en Pawiránachi, Guachochi. De ojos oscuros y oblicuos que parecen brillar, pómulos prominentes y piel morena, camina con pasos rápidos sobre su calzado sencillo, portando su bella ropa tradicional de faldas sobre faldas. La acompaña su esposo José Antonio Sandoval con quien procreó cuatro hijos –un hombre y tres mujeres– que les han dado la oportunidad detener nueve nietos.

En su niñez, cuidó hatos de chivas y luego fue educada en un internado de carácter religioso. Cuando adulta, María Luisa ofreció clases a escolares atendidos en congregaciones de Religiosas Siervas y de Hermanos Maristas, como una manera de devolver lo recibido mucho tiempo atrás.

En una conversación cercana y cálida, María Luisa me dijo que sus andares como activista iniciaron en 2008 cuando estaba en peligro el cultivo de la papa que significa la seguridad alimentaria de los suyos. Entonces empezó a liderar esfuerzos, apoyada por organizaciones externas a su etnia, para que la producción de este tubérculo no se perdiera.

Actualmente es presidenta de la organización NapawikaTibupoKawi, A.C. (Natika) que en lengua rarámuri significa “Cuidemos juntos nuestro bosque, nuestro entorno”. Esta asociación surgió en febrero de 2015 para promover la conciencia de los tarahumaras que habitan la región que comprende la microcuenca de Cochérare. Es la primera asociación de tarahumaras para tarahumaras.

Los tarahumaras fueron repartidos en las haciendas españolas en el siglo XVIII entre 1723 y 1726, luego de la repartición de los conchos, yaquis y tepehuanes a raíz de una rebelión en la que participaron en el siglo XVII. Los indígenas americanos fueron insertados a la fuerza en un sistema de explotación que los convirtió en esclavos.

En el caso de los tarahumaras, fueron 95 repartimientos de mil 134 indios, la mayoría distribuidos en la misma región y sólo un cuatro por ciento de ellos enviados a Cuencamé, Durango y a San Juan del Río, Querétaro.

Para evitar ser explotados se refugiaron a partir de 1632 en las cañadas de las sierras muy lejos de las planicies y del alcance de la codicia de los blancos. Por ello conservan su peculiar cosmovisión y su sincretismo religioso que es una mezcla del catolicismo y el chamanismo. Su vida casi nómada ha permitido la conservación de sus características autóctonas y la producción de bellas artesanías.

María Luisa Bustillos es heredera de este pueblo de pies ligeros y yo seré su compadre, pues apadrinaré a su hija que se graduará de abogada. Los acompañaré el día 2 de febrero del próximo año en una celebración tradicional. El frío es algo que no tolero y allí en ese tiempo las temperaturas son de 12 grados bajo cero pero no me importará, pues ella y su esposo José Antonio me acercarán a conocimientos ancestrales.

Ellos con frijoles, papa, maíz y chile son felices: no necesitan más. Así lo asegura María Luisa. Nosotros los mestizos somos insaciables, consumimos más de lo que nos corresponde. Los tarahumaras son mis hermanos y ejemplo para el mundo de sustentabilidad.