Usuarios del AICM se han quejado por los malos oleres que se perciben en la Terminal 2. Foto: Alejandro Mendoza Mendoza
Pasajeros y empleados refieren un olor fétido en salas, pasillos, estacionamientos e inmediaciones de la terminal aérea

El drenaje sanitario de la Terminal 2 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) es un desastre.

Pasajeros y empleados refieren un olor fétido en salas, pasillos, estacionamientos e inmediaciones de la terminal aérea.

"El olor es algo que se ha mantenido por las diferentes fallas de esta terminal y la zona tan lamentable donde la colocaron", comentó Antonio Carmona, usuario frecuente de la terminal aérea.

Comentan que el olor puede provenir de las fugas que hay en el drenaje, la cercanía con el Bordo Poniente y plantas residuales, además de obras realizadas en las inmediaciones de esta central aeroportuaria.

"Llueve, hay muchas inundaciones, y los que van a sus destinos se molestan y pues te dicen limpia y limpias, pero hasta de las coladeras sale el agua. Las tuberías se rompen y se sale toda la pestilencia", expuso Mónica, una empleada de limpieza.

Para resolver este problema, el AICM convocó a concurso para contratar una empresa que repare los escurrimientos desde los sanitarios, provocados por los asentamientos diferenciales entre los edificios de la terminal, obra que fue terminada a finales de 2007.

El 22 de junio, sin embargo, el concurso fue declarado desierto porque solo hubo dos ofertas, deficientes en su documentación técnica, ambas por alrededor de 11 millones de pesos.

"Estos escurrimientos debajo del edificio principal son constantes y se incrementan en gran cantidad en la temporada de lluvias, por lo que al acumularse y estancarse despiden malos olores en gran parte de la terminal afectando a los usuarios y causando mala imagen", explicó el AICM en las bases para el concurso.

Las aguas negras derramadas, con materia fecal, tienden a acumularse cerca de la puerta 4, a un costado de la terminal terrestre.

Empleados refieren que el olor es más perceptible por las tardes, y después de que llueve.

"El viento y el calor trae ese olor fétido. Hay días en que es muy fuerte y afecta las ventas", dijo Sandra, quien atiende una franquicia de emparedados.

Los trabajos no son sencillos y requieren seis meses. Incluyen la construcción y rehabilitación de cárcamos de concreto, la instalación de un nuevo sistema que requiere seis bombas industriales sumergibles para agua y lodos, y una excavación para retirar mil 593 metros cúbicos de tierra, según las bases del concurso.