Venezuela es el espejo en el que ningún país de América Latina se quiere ver. Pero no es posible apartar la mirada de lo que ahí ocurre, porque cada día que pasa la crisis política, social y económica de esa nación hermana se agrava y sigue condenando a más generaciones a un presente de pobreza, violencia e incertidumbre. 

En diciembre de 2015 en una gran hazaña ciudadana, la oposición ganó la Asamblea Nacional. Reunida en torno a la Mesa de Unidad Democrática (MUD) decidió la vía pacífica y legal para cambiar el sistema de Venezuela. Optó por el referéndum revocatorio. El régimen de Maduro, considerado ya una dictadura de facto, no ha dejado de obstaculizar el proceso de referéndum a través de los órganos dóciles sometidos a su mando que han debilitado aún más la vida institucional del país. Ante la certeza de que el resultado sería contrario al régimen, era de esperarse que el camino para organizar el referendo estaría lleno de obstáculos y maniobras desesperadas por aferrarse al poder a cualquier costo. Y así ha ocurrido.

En días pasados, el Consejo Nacional Electoral decidió suspender la recolección de firmas que era necesaria para proceder con el referendo revocatorio del mandato del Presidente. De ahí que el pasado 26 de octubre, más de un millón y medio de venezolanos salieron a las calles a protestar de modo pacífico. Si no se levanta la suspensión de la segunda etapa se ha citado a otra movilización hacia el Palacio de Miraflores, sede de la presidencia de Venezuela, el próximo 3 de noviembre. 
De telón de fondo está la discutida fecha del 10 de enero de 2017. Si el referéndum se hace antes, con la revocación vendría la convocatoria a nuevas elecciones, si es posterior quien asumiría el cargo sería el vicepresidente, quien es designado por el propio Maduro.

Las reacciones internacionales afortunadamente comienzan a ser más claras. Por fin la OEA se pronuncia a través de su nuevo Secretario general, Luis Almagro (quien fuera canciller de José Mujica) que ante la negativa del CNE hizo un llamado a los países de la región a tomar “acciones concretas para defender la democracia en Venezuela”, señalando que “Maduro ha perdido toda su legitimidad de origen tras dejar al pueblo de Venezuela sin derechos electorales”. En una reunión en Buenos Aires, el presidente Mauricio Macri y Tabaré Vázquez confirmaron que hay motivos suficientes para analizar la permanencia de Venezuela en el MERCOSUR. El régimen de Maduro se está quedando cada vez más aislado. Confiamos en que el diálogo de intermediación, que al parecer ayer se llevó a cabo en Caracas, tenga frutos específicos.

La lección sigue siendo muy clara. La enfermedad en Venezuela no fue sólo la demagogia chavista sino la corrupción de las élites políticas, la indolencia y el cinismo de gobiernos banales e ineficaces y el abandono de la política por parte de los mejores ciudadanos. 

Es irresponsable no voltear a ver a Venezuela. Nos obliga a una elemental solidaridad con los hombres y mujeres venezolanos que han sacado fuerzas incluso desde su crisis humanitaria, para devolverle a Venezuela la libertad y la dignidad que se merece.