Especial

Además del documental ganador del Goya que recomendamos la semana pasada “El Silencio de Otros”, de Robert Bahar y Almuneda Carracedo, Netflix tiene en su programación otra imperdible ganadora de otros Goyas.

Esta se trata del largometraje en su caso del género de ficción “La Trinchera Infinita”, que también contó con la dirección no solo de dos sino de tres cineastas, Aitor Arregui; Jon Garaño y José Mari Goenaga, el cual se vio favorecido en la pasada entrega de los Goya a lo mejor del cine español del 2019 con dos igualmente merecidos galardones a la Mejor Actriz para Belén Cuesta y al Mejor Sonido para Iñaki Diez; Alazne Amestoy; Xanti Salvador y Nacho-Royo Villanova, y con la particularidad de que al igual que “El Silencio de Otros” toca un tema relacionado de forma muy directa a la Guerra Civil Española y el régimen dictatorial impuesto por casi cuarenta años por el mandatario fascista Francisco Franco.

“La Trinchera Infinita” debe su título a que su protagonista masculino, Higinio (Antonio de la Torre, ganador previo del Goya por “El Reino”, de Antonio Sorogoyen) es un sastre pero también concejal que vive en la población de Andalucía recién casado con Rosa (Belén Cuesta), cuando estalla la Guerra Civil y como opositor a este régimen impuesto espera el momento para poder escapar cuando es capturado, pero al ser conducido en un camión junto con otros prisioneros logra escapar, regresar a su hogar para encontrarse con Rosa y permanecer en un escondite de la vivienda por un espacio de casi tres décadas hasta el término de la Guerra como ocurrió en la realidad con muchos otros en su situación y que por ello se les denominó “topos” en este contexto de encierro y contingencia por conservar su vida.

Como hicimos mención al inicio de este comentario, “La Trinchera Infinita” es una película en la que mucho de su peso dramático cae en el personaje de Rosa debido a que, en teoría, ella ha quedado sola primero por la captura y luego por la supuesta huida y consecuente ausencia de su marido, y mucho de lo que pasa en la vivienda en aparente soledad y dividida literalmente por un muro para llevar una vida “normal” bajo el mismo techo con Antonio, justifica por mucho el Goya a la Mejor Actriz que Belén Cuesta obtuvo en la pasada premiación.

Algo similar ocurre con el sonido de los artistas también mencionados, ya que uno de los grandes retos de Antonio en este encierro para seguir con vida al no ser descubierto es el estar en silencio lo más posible sobre todo ante las visitas que Rosa, o el hijo que procrean en ese mismo entorno y propicia otro engaño más al resto de los habitantes de la población, es un elemento vital para la narrativa del filme, que, además de todo, es dividido por bloques de verbos y sustantivos que tienen que ver con los episodios que ahí se van sucediendo, dando un resultado final que a pesar de sus casi dos horas y media de duración difícilmente ocasionan que el espectador llegue a pestañear en algún momento por la acción y detalles que se van hilando en la trama que aquí se nos cuenta.

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Alfredo Galindo

Columna: Cinelectronico

Productor, Director y Guinista de cine.

Columnista del periódico Vanguardia desde 1995, escribe sobre música, cine y televisión. Combina la pasión de escribir con la creación cinematográfica.