Después del primer informe constitucional del presidente Andrés Manuel López Obrador y de su tercer informe popular, podemos desmenuzar una serie de tópicos, en los cuáles AMLO, hizo hincapié en el tiempo en que fue oposición, y que fueron parte de sus banderas en contra de los gobiernos pertenecientes a la mafia del poder.

Particularmente, considero en orden de importancia a la violencia en nuestro país que persiste y resiste y al poco o nulo crecimiento de México como tópicos de gran alcance y consideración.

Por ejemplo, en nueve meses de gobierno, no se han percibido mejorías en la incidencia delictiva, quizá en algunas regiones hasta ha recrudecido. Si bien es cierto, coincido en lo dicho por AMLO cuando afirma que, para combatir la violencia hay que atenderlo por sus causas: la desigualdad y la pobreza. Sin embargo, aún con la recién creada Guardia Nacional, no se ha podido detener este flagelo.

De acuerdo con datos oficiales del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en el semestre pasado, se registraron 2 mil 560 homicidios. De tal manera que la tasa es de 22 por cada 100 mil habitantes. Esto significa un incremento del 6 por ciento respecto al año anterior.

Creo que el tema es mucho más complejo y con diversas causales, que si bien es cierto, se refieren a la pobreza y la desigualdad, también comprenden temas particulares como el tráfico de armas en donde los porcentajes van del 63 al 120 por ciento en el uso de armas de corto y largo calibre para cometer diferentes crímenes.

Por otra parte, el tema del huachicoleo, ha provocado violencia en estados como Guanajuato, Puebla o Veracruz, en donde según datos oficiales del sexenio pasado, para el año 2018, se habían detectado 12 mil sitios de ordeña de combustible.

Otra de las razones de la violencia, es la disputa de bandas de narcotráfico por distintos mercados a los que ya tenían. Inclusive, se tiene considerado el nacimiento de nuevos grupos delictivos que actúan de manera local y de una forma más violenta como son los casos de Colima y Baja California Sur.

Finalmente, la estrategia actual de seguridad aún no ha rendido frutos. De manera diametralmente opuesta, se ha apostado en reforzar la seguridad en las ciudades y atender la violencia que afecta a los ciudadanos; en lugar de combatir frontalmente al narcotráfico y capturar a sus líderes está comprobado actualmente que acabar con los líderes no acaba con su actividad, los carteles mexicanos son como Ladón, el dragón de 100 cabezas de la mitología griega.

Una política pública tiene que ser medible a corto, mediano y largo plazo. Como ha sucedido en todas las administraciones; aún en las del partido del mismo color, se empieza desde cero y nos encontramos con la dinámica de repetir las mismas inercias.

Una lucha sin cuartel, un combate militar antidrogas sin marco legal, iniciado desde finales del 2006 ha generado (sin precisión de datos) cerca de 250 mil asesinatos, 40 mil personas desaparecidas y una estela de violencia que no termina. A pesar de todo, aún siguen los despliegues militares que AMLO prometió retirar y perseguir capos ya no es prioridad para el gobierno.