Intelectuales orgánicos. Así fueron definidos los periodistas, académicos y comentaristas que firmaron la semana pasada un desplegado en el que propusieron establecer una alianza para recobrar la mayoría en la Cámara de Diputados en las próximas elecciones que permita contrapesos.

El desplegado “Contra la deriva autoritaria y en defensa de la democracia” fue firmado por personajes como Héctor Aguilar Camín, Enrique Krauze, Jean Meyer, Ángeles Mastretta y Gabriel Zaid.

Los firmantes del desplegado se mostraron en contra de las políticas que está llevando a cabo el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien festejó que se “quitaran la máscara” y los acusó de “intelectuales orgánicos”, preguntándose “cómo contribuyeron a los avances democráticos… para salir de un sistema autoritario y establecer la democracia”.

Apuesta López Obrador a la ignorancia de muchos o a la desmemoria. Sin embargo, resulta oportuno recordar la preocupación que sí tuvieron estos intelectuales y las críticas que hicieron a anteriores regímenes. Y para muestra, algunos botones tomados de la revista Nexos que en 2018 publicó una serie de reflexiones de periodistas y académicos, muchos de ellos que ahora firman el desplegado y que no precisamente festejan a los gobiernos que también critica el Presidente.

En enero de 2018 apareció la revista con el título “México mañana”. Noventa y seis autores de distintas generaciones aportaron su punto de vista personal sobre el País, el que cada uno creía vivir y el que esperaba del futuro.

Arrancaba el año en que López Obrador tomaría posesión. Así, los puntos de vista están inscritos en el todavía sexenio de Enrique Peña Nieto. Muchos aluden a ese sexenio, criticándolo, y otros a inmediatos anteriores.

Ángeles Mastretta, luego de hacer un recuento de su infancia y juventud, donde se vio obligada a trabajar desde temprana edad debido al repentino fallecimiento de su padre, dice que su mañana, “que es el hoy, tiene una sociedad más inteligente, más ilustrada, más libre, más democrática” que cuando ella tenía 20 años. Sin embargo:

“Por desgracia, todo este bien que es tanto, se confunde y diluye, se olvida y hasta desaparece cuando a diario nos espanta un mal que nunca imaginamos. Un alarido entre las risas de los niños. No hemos podido con los muertos que no mata el azar sino la barbarie, el odio, la sinrazón, la estupidez. Los muertos que empezaron a salir como de repente y que lo tienen tomado casi todo. La maldad que no nos merecemos. ¿Y ahora qué?, preguntamos”.

La voz de Julio Frenk, firmante también de la carta, expresó lo siguiente en el número de la revista que celebraba así su 40 aniversario:

“Hoy me preocupa lo que subyace a esta atmósfera social cargada de incertidumbre y desasosiego: la corrupción, la impunidad, la falta de confianza en las instituciones, la erosión del tejido social. Listo el País para dar el gran salto que el siglo 21 le exigió desde el primer minuto, el Estado mexicano empezó a fallar en su obligación más fundamental, que es la de proteger a los ciudadanos”.

Por su parte, el historiador Jean Meyer primero recuerda de manera pertinente en la historia de la humanidad a Marco Aurelio con estas palabras: “Verás siempre las mismas cosas: personas que se casan, crían hijos, enferman, mueran, hacen la guerra, celebran fiestas, comercian, cultivan la tierra, adulan, son orgullosos, recelan conspiran, murmuran contra la situación presente…”.

Luego se refiere a la violencia en el País, haciendo alusión a pasajes de la historia y a su gran amigo y maestro don Luis González y González, autor del libro de historia regional “Pueblo en vilo”, quien registraba el miedo a los bandidos “por lo menos desde la Independencia, hasta los años 1960” y de un “episodio típico de la matonería mexicana a propósito del ‘ejido de las viudas’, porque los agraristas se autoexterminaron” y remata: “Los criminales de hoy se parecen más al Mano Negra que a los pobres cuatreros, y las autodefensas de Guerrero, Michoacán, y demás lugares nos remiten a las “defensas sociales” de aquel entonces, que fusilaban sin averiguación previa al forastero que se atrevía a entrar sin ser presentado”.

“Don Luis murió a tiempo. ¡Qué desesperación hubiera sido la suya al ver su querido pueblo, todos los pueblos, transformados en guarida de criminales!” (…) Nuestros viejos problemas se agravaron, o regresaron cuando los pensábamos archivados, cosa del pasado”.

Calificados como intelectuales orgánicos, acusados de que nunca se expresaron contra los gobiernos anteriores. Sus palabras, tan sólo en una muestra, desmienten la afirmación del Presidente.