Hoy acapara los principales desplegados la detención de Emilio Lozoya Austin, exdirector de PEMEX, desde su transito por España hasta su arribo a México, donde es investigado por corrupción e implicación directa en el caso Odebrecht.

“Entre un gobierno que lo hace mal y un pueblo que lo consiente, hay una cierta complicidad vergonzosa.”

Víctor Hugo

Uno de los casos más sonados de corrupción a nivel mundial e internacional en la actualidad, se ha ido deshilvanando poco a poco en nuestro país, como particularmente han salido a flote casos de corrupción en otros países, con cargo a la misma nomenclatura. Esta empresa transnacional con el mismo modus operandi, hoy es el símbolo del escándalo, la desfachatez y la podredumbre (tristemente la otra cara de la política).

Hoy acapara los principales desplegados la detención de Emilio Lozoya Austin, exdirector de PEMEX, desde su transito por España hasta su arribo a México, donde es investigado por corrupción e implicación directa en el caso Odebrecht.

Pero, ¿Qué es y de que trata el caso Odebrecht? Es una empresa que tras los cambios paulatinos y de abundancia económica a nivel global, fue fundada en el Estado de Bahía en Brasil en 1944. Es una empresa, principalmente de la construcción con operaciones en más de 14 países y actividades comerciales en más de 100.

La compleja polémica salió a la luz en el año 2016, cuando la empresa se declaro culpable, ante una corte de los Estados Unidos, de haber sobornado a funcionarios de un sinnúmero de países, entre ellos mexicanos _una mentira muy bien construida que nos recuerda al año 2001 con la escandalosa noticia, de la quiebra de la empresa energética Enron_.

Desde Brasil para el mundo, la estrategia maquinada por Odebrecht ha consistido en sobornar a los políticos más poderosos de cada país, a cambio de la obtención de contratos millonarios. Con una perspectiva gerencial, la corrupción que desplegaba, replicaba un modelo perverso de negocio: establecer cercanía con gobernantes de alto rango, quienes no solo se les nombraba “socios estratégicos”, sino que eran considerados clientes (inclusive se dice que para ocultar nombres se les identificaba a políticos con determinados apodos). De hecho, la empresa tenía un área denominada División de Operaciones Estructuradas (DOE). Su función específica, administrar los sobornos que operaba la compañía.

Entre los ejemplos de países en donde intervinieron, encontramos a Guatemala, República Dominicana, Panamá, Colombia, Venezuela, Ecuador, Argentina, Bolivia, Perú y por supuesto México.

EL CONTRATO ETILENO XXI

Fue una subasta de PEMEX, en la época de Calderón, en donde se invitaba para abastecer de 66 mil barriles diarios de etano, a cambio de que, el que resultare ganador, construyera una planta de etileno, para poder elaborar propileno, una materia prima para poder elaborar un sinfín de artículos plásticos de uso cotidiano. 

Como secretario de Energía y después como presidente de México, Felipe de Jesús Calderón, dio pase con excesiva exclusividad a Odebrecht. A partir de ese momento, la transnacional sangró al Estado Mexicano con miles de millones de pesos. Fue la hecatombe que estableció una plataforma fraudulenta para mover dólares a diversos países; estrategia y acuerdo que el expresidente le endoso a Enrique Peña Nieto para que a los brasileños se les facilitara la ingeniería financiera.

Lo anterior, es una pequeña parte, de un expediente choncho en poder de la Fiscalía General de la República y que se encuentra abierto desde el año 2017. Actualmente, la fiscalía cuenta con documentos desde los sobornos en el contrato etileno XXI, en donde existen movimientos bancarios realizados desde México a 18 países (está defraudación fiscal, ya se encuentra en poder de la Unidad de Inteligencia Financiera).

Desde anteriores sexenios, con contratos leoninos y diseñados para el saqueo, este caso de corrupción _que apenas ve la luz_ ha dejado a México con multimillonarias pérdidas. ¿Estamos preparados para saber toda la verdad?

Abraham Álvarez

Columna: Vía comento