Foto: Unsplash | Hugo López-Gatell, salió ayer a reconocer que, de acuerdo con el modelo de vigilancia epidemiológica adoptado en nuestro País
¿Los números nos sirven para acrecentar la alarma, para incrementar nuestro estrés individual o para tomar decisiones? ¿Es “peor” tener 26 mil que 3 mil 200 casos? Y si es así, ¿por qué?

Una de las discusiones más intensas que se recrean en estos días en México es la relativa a las “cifras reales” de contagiados por el coronavirus, un agente epidémico que ayer –de acuerdo con datos oficiales– alcanzó el millón y medio de contagiados en el mundo.

Parte de la discusión ha sido alimentada por el “escaso número” de pruebas que se han realizado en México y que invitan, al comparar las cifras con otros países del mundo, a considerar que existe una subestimación de lo que realmente ocurre en el País.

El Gobierno de la República, a través de su vocero para el tema, Hugo López-Gatell, salió ayer a reconocer que, de acuerdo con el modelo de vigilancia epidemiológica adoptado en nuestro País, se estima que el número real de casos existentes podría ser el que resulta de multiplicar por 8.34 el número de casos oficialmente reportados.

“Nosotros estimamos 26 mil casos. Alguien podría decir: ‘ustedes son mucho más que varios países latinoamericanos que tienen mil y tantos’. No. Nosotros reconocemos explícitamente que tenemos 26 mil, en cualquier otro país que tengan solamente los casos observados, hay que corregir”, dijo el Subsecretario en la conferencia de prensa de anoche.

La cifra de 26 mil casos “reales” nos colocaría más o menos en el mismo nivel de Bélgica que, de acuerdo con la última cifra consultada antes de escribir este texto, contaba con 23 mil 403 casos confirmados, con la diferencia de que en aquella nación europea se habían realizado 84 mil 248 pruebas de laboratorio, contra poco más de 26 mil en México.

En otras palabras, el número de casos “estimados” en México se parece mucho al número de pruebas realizadas, mientras que en Bélgica el número de pruebas supera en 260 por ciento al número de casos confirmados.

Más allá de las inferencias estadísticas que pueden hacerse a partir de estos número, la información revelada anoche por el Gobierno de la República invita a cuestionarnos qué tan importantes son las cifras y, en todo caso, qué hacemos con ellas.

¿Los números nos sirven para acrecentar la alarma, para incrementar nuestro estrés individual o para tomar decisiones? ¿Es “peor” tener 26 mil que 3 mil 200 casos? Y si es así, ¿por qué?

La respuesta parece estar más bien en comprender lo que se busca con la estrategia adoptada y en torno a lo cual las autoridades sanitarias de todo el mundo han sido muy claras desde hace semanas: evitar que el sistema de salud se colapse debido a que un número de personas, imposible de atender, llegue al mismo tiempo a los hospitales y requiera servicios que no es posible proporcionarles.

Esto último es lo que deseamos evitar, pero no está claro si las decisiones que se han tomado hasta ahora sirven o no, de manera eficaz, para lograrlo. Por lo pronto, lo que parece evidente es que estamos sufriendo una “intoxicación estadística” que poco ayuda a que sobrellevemos mejor el encierro.