La vida tormentosa que llevó el poeta saltillense Manuel Acuña, parece reflejarse en el estado de abandono en que se encuentra el monumento esculpido en su honor
Poeta olvidado. Las palomas, el tiempo y el olvido han dañado el monumento a Manuel Acuña.

Saltillo, Coahuila.- Para muchos parecería una sorpresa que la estatua que nos “ve” todos los días transitar por la esquina de Allende y Aldama, donde los ancianos tienen su plaza exclusiva, donde se limpian sombreros y botas de piel, es el sitio en el que descansa una de las más preciadas anécdotas del Saltillo porfirista

No, el monumento a Manuel Acuña no es de yeso, no es de cal ni tampoco de fibra de vidrio. Lo que ya no se entrevé a 118 años de haber sido terminado el monumento  dedicada a Acuña, es el mármol y el bronce que Fructuoso Contreras trabajó con sus propias manos, y que hoy vive debajo del excremento de las palomas viajeras de Saltillo.

La historia comenzó abril de 1897.

Por su actividad económica y de tránsito, Saltillo, era ya una de las ciudades más importantes del país. Tal era el nombre que el gobernador de Coahuila en ese entonces, Miguel Cárdenas de los Santos, no se quedó con las ganas de que la ciudad figurara en el mapa, con alguna de las obras del escultor más afamado de la época.

Ese día, Cárdenas de los Santos firmó con su puño y letra un contrato donde se comprometió con el escultor nacido en Aguascalientes en 1866, para dar inicio a la obra, tras el éxito obtenido con el monumento a Ignacio Zaragoza, localizado en el corazón de la Alameda de Zaragoza.

El objetivo era hacer honor a la magia de las letras. Recordar al joven poeta aclamado por José Martí que había nacido justo a 4 calles más delante de donde hoy está instalado su propio monumento. Manuel Acuña Narro nació en 1849 en lo que hoy conocemos como la calle Ignacio Allende 218, en el Centro Histórico de la Ciudad, y se suicidó 24 años después.

“El señor Jesús F. Contreras se compromete a ejecutar el referido monumento poniendo por su cuenta los materiales necesarios. El monumento constará de los siguientes detalles: A) Estatua o busto colosal en bronce de arte que representará a Acuña. B) Figura alegórica en representación a la poesía”, dice el documento. 

Otro de los materiales anunciados para la obra es el mármol que se utilizó para la base que sostiene a las figuras humanas y donde se graba la leyenda “Acuña”.

En el documento, Miguel Cárdenas dice que se prevé la obra sea inaugurada en tres años. El precio destinado por el Gobierno del Estado ascendía a una cantidad de 11 mil pesos de aquel entonces, que fueron racionados en 3 partes.

Para el año 1900, la noticia de Jesús Fructuoso Contreras fue que la obra ya estaba terminada, pero también que ya estaba lista para su viaje a la Exposición Universal de París donde se dice que fue contemplada por 50 millones 860 mil 801 personas junto a la obra Malgré Tout, del mismo autor, que hoy ocupa uno de los espacios más importantes y codiciados de Bellas Artes.

Contrato. Documento que firmaron el Gobierno de Coahuila y el autor de la escultura, que en ese tiemo costó 11 mil 500 pesos

Durante ese tiempo, la escultura pasó a un hogar temporal en la Escuela Nacional de Bellas Artes, hasta que en 1912, ya fallecido Fructoso Contreras, el entonces gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza Garza, ordenó que la pieza fuera traída de vuelta a Saltillo, para ocupar el centro de la plaza donde hoy mismo habita. 

Sin embargo, en 1953, la escultura fue trasladada nuevamente, ahora a las inmediaciones de la Alameda de Zaragoza donde estuvo hasta el año de 1999.
De acuerdo con el INAH en su delegación Coahuila, ésta es una de las piezas patrimoniales más valiosas y reconocidas de todo México. 

El titular de la Oficina Protectora del Patrimonio Histórico, Francisco Aguilar, dijo que el monumento Manuel Acuña se encuentra a cargo y vigilancia del Ayuntamiento de Saltillo; sin embargo, aun siendo parte del catálogo cultural más importante de la ciudad, éste ha sido intervenido o restaurado únicamente con coberturas de pintura vinílica. 

La idea central de su mantenimiento es que un restaurador de primer nivel ayude a rescatar todos los materiales que se encuentran debajo de las capas de pintura; sin embargo, aunque en 2016 el Congreso del Estado solicitó al Presidente de Saltillo reparar el monumento, hasta el día de hoy no se ha presentada una solicitud donde se analice de manera formal una inversión en la cual se realice el rescate. 

“¡El Ángel de Manuel Acuña está herido de muerte!”, planteó Patricia Pérez Walters, investigadora de Casa Lamm en 2016 durante la presentación que realizó sobre el “Acuña”, en el Encuentro Regional de Patrimonio Cultural del Noreste a la cual tituló “Morir dos veces”. 

Al día de hoy, la escritora e investigadora de la Universidad Iberoamericana, escribió un libro titulado “Patria, Rostro y Sueño. Jesús F. Contreras. Escultor del Porfiriato”, donde expone la serie de obras realizadas por el escultor alrededor de todo México, y en su reseña, la Universidad Autónoma de Aguascalientes expuso: 

“En sólo dos décadas de actividad profesional, el aguascalentense también se preocupó por modernizar la instrucción artística y por transformar el impacto social de la escultura, concibiéndola como una actividad profesional a gran escala que desbordaba el tradicional recinto académico para transformar el entorno urbano y promover los valores cívicos de sus habitantes”. 

A diferencia del “Monumento a La Paz” y el “Malgre Tout”, que han sido visitados en Guanajuato y la Ciudad de México por autoridades eclesiásticas y presidentes, el monumento a Acuña es hoy el lugar favorito para las necesidades de las aves, y quizá uno de los más olvidados por el pueblo de Saltillo, donde declamó “Nocturno”.