Últimamente los factores de poder se han mostrado renuentes en aceptar los dictados contradictorios e impuestos por el Presidente de la República, en el sentido de seguir repartiendo el dinero público sin especificar un criterio razonable para su dispersión, pues sostienen que rompe con todas las reglas de lo justo y de lo equitativo, y que está afectando el presupuesto federal que se esté disminuyendo considerablemente por el desembolso tan desmedido al utilizarlo, entre otros muchos programas sociales, en los llamados ninis cuyo salario en algunos casos sobrepasa el monto del sueldo mínimo. 

Otros casos son el dinero que destina para la agricultura cuyo presupuesto le quita en gran porcentaje a algunos estados para enviarlo a la región sureste del país, o su afán, fuera de toda razón, de trasladar la cuenca lechera de la laguna hacia esa misma región al aducir que el agua que se destina para los sembradíos, cuya cosecha sirve de alimento a los rumiantes está contaminada, lo que no le falta razón, sin embargo lo que debe hacer es contrarrestarlo siendo propositivo y emprendiendo programas para erradicar el arsenicismo, además de perforar pozos que provean un mayor caudal que favorezca a la población.

Por otro lado si quiere poner en operación en el sureste del país otra empresa lechera lo puede hacer, pero no eliminar una industria de la magnitud que ya existe y de la que viven miles de empleados que son el sostén de sus familias.

Los problemas que aborda el Ejecutivo Federal siempre los pone en blanco o en negro creando un maniqueísmo feroz, pues debe ver que existen otras tonalidades y que sus propuestas deben concluir en lo benéfico privilegiando el interés superior de la ciudadanía, y dejar de vivir del pasado al referirse que todos sus antecesores fueron corruptos y que hicieron las cosas mal.

Por otro lado su equipo de primera línea, o sea los Secretarios de Estado que conforman su estructura gubernamental, deben constituir un filtro de manera que los problemas sean atendidos por ellos para que los problemas no lleguen al Presidente, sin embargo no es así, pues el único que quiere tener una exposición política es él, sin admitir que los demás parpadeen a los reflectores que solo fueron creados para su histrionismo, dando a entender que carecen de experiencia administrativa y de una base política, pues las luces solo deben iluminar al todopoderoso.

Ahora mismo se está hablando de la renuncia de varios secretarios de su gabinete, lo que indica que la distribución de su aparato administrativo ya tiene algunas grietas que amenazan agrandarse, ya que los criterios entre Secretarios y Ejecutivo son dispares y no logran desembocar en un lugar que conduzca a la homogeneidad para lograr el éxito, al contrario lo convierten en un punto de inflexión que pueda llegar a romperse la rama.  

Otros frentes que ha abierto son los dislates que ha enfrentado con los medios, que aunque a diario pregona que es respetuoso de la libertad de expresión, los hechos no reflejan lo que dice, pues siempre apunta a que él tiene otra información, aunque sean sus propios funcionarios los que den las notas de prensa, con la que no está de acuerdo.

Las últimas noticias que han dado a conocer el Banco de México, las caídas recurrentes de la Bolsa de Valores, el INEGI, las calificadoras internacionales, el resultado negativo sobre el PIB, en fin, nos presentan un panorama de estancamiento de nuestra economía, que nomás falta que también declare que esos datos están equivocados y que él tiene otros números que muestran todo lo contrario.

No es posible tanto frenesí al no reconocer que el ritmo que lleva nuestro país no muestra avances que nos lleve a que realmente seamos una nación emergente, pues nuestra evolución claramente nos revela que en este tiempo no hemos visto desarrollo, que no hemos crecido, y por lo tanto que vivimos en una incertidumbre y que de seguir así dejaremos un futuro incierto a nuestros hijos.

Estamos a tiempo de analizar y reflexionar concienzudamente sobre lo andado y poder cambiar nuestro caminar por la ruta de la esperanza. Ojalá.

Y que sea para bien.

Se lo digo EN SERIO.

franciscoaguirreperales@gmail.com

@aguirreperalesf