Cada año la entrada del otoño se acompaña de un espectacular acontecimiento de la naturaleza, un viaje que protagonizan millones de seres pequeños, una extraordinaria especie que vuela a través de Norteamérica, mide 10 centímetros como máximo y pesa medio gramo: las mariposas monarca.

Viven al oeste de las montañas rocosas en Canadá y Estados Unidos de América, donde se reproducen en plantas de algodoncillo. Su ciclo de vida normal consta de cuatro días como huevo, dos semanas como oruga, 10 días como crisálida (capullo) y de dos a seis semanas como mariposa. Sin embargo, las nacidas al cerrar el verano y empezar el otoño, conforman una generación especial llamadas matusalén. Son las mariposas viajeras, éstas en particular viven hasta nueve meses y al entrar el otoño inician una maravillosa travesía. 

Vuelan aproximadamente cinco mil kilómetros hasta llegar a los bosques de oyameles y pinos en Michoacán y en el Estado de México, para pasar el invierno. Se hospedan por cinco meses en nuestro país, donde inician su apareamiento al entrar la primavera y se preparan para regresar. Esta generación de viajeras realiza el ciclo de migración completo, es decir, el viaje de ida y vuelta desde Canadá hasta México. De una manera sorprendente siguen el mismo camino trazado por sus generaciones anteriores, ya que la mariposa que emprende el viaje cada otoño no es la misma, es tataranieta de la generación que migró un año antes.

La fortaleza que esta especie demuestra con su largo viaje se ha visto amenazada por las consecuencias del cambio climático y las alteraciones de los ecosistemas, por las fuertes fumigaciones sobre cultivos en Estados Unidos que afectan la planta donde nace, por el uso de pesticidas y la explotación forestal de zonas de hibernación en México.

Las monarcas han disminuido significativamente su población en los últimos 20 años, se estima que 80 por ciento. En México, se encuentra en la categoría de riesgo como Sujeta a Protección Especial por la Norma Oficial Mexicana 059.

Al entrar a México, esta maravillosa especie, pasa por Chihuahua, Coahuila y Nuevo León, donde descansan en pastizales y zonas boscosas principalmente. En el sureste de nuestro estado, eligen a la Sierra de Zapalinamé para descansar, alimentarse y poder continuar su jornada. También es posible ver algunas al interior de la ciudad y en carretera.

Es importante cuidarlas, ser los anfitriones que estas viajeras necesitan. Cuando transitamos en carretera,  bajar la velocidad para afectarlas lo menos posible, en los sitios que descansan, no molestarlas, ni capturarlas, podemos admirar y valorar su función en el ecosistema, pero no dañarlas. 

La estabilidad y salud de la mariposa monarca es reflejo de la conservación y cuidado de su hábitat. Contribuyamos a su protección.