Rosalía de Castro. ¿Por qué la voz de esta poeta gallega continúa hablándonos a casi dos siglos de su nacimiento? Nacida en Santiago Compostela, en 1837, la fuerza de sus palabras, la intensidad del sentimiento y una evocadora contemplación de la naturaleza nos acercan a un espíritu sensible que lleva sus alforjas cargadas de imágenes.

Sus cantares conservan la misma frescura de aquel momento en que los compuso. Es la poeta de la tristeza, de la melancolía, de la contemplación de la naturaleza y del orgullo de su tierra. Su esposo, Manuel Murguía, describe así a su obra: “versos impregnados de los sentimientos populares”; “compenetración del alma de su gente”.

En “Campanas de Bastabales” relata el camino de una mujer hacia ese municipio de la provincia de La Coruña. Está escrito en primera persona y el canto revive su sensación mientras escucha fervorosamente el tañer de las campanas. De nuevo aparece la soledad, recurrente en su obra. Explica a la mujer que espera la salida de la luna para poder compartirle sus sentimientos. La melancolía y la soledad.

Corre el viento, el río pasa

corren nubes, nubes corren

camino de mi casa.

Mi casa, mi abrigo

se van todos, yo me quedo

sin compañía ni amigo.

Yo me quedo contemplando

las llamas del hogar en las casitas

por las que vivo suspirando.

Viene la noche…, muere el día,

Las campanas tocan lejos

las notas del Ave María…

Campanas de Bastabales

cando vas oio tocar

me muero de añoranzas.

La poesía de Rosalía de Castro trae a la memoria un poco, a Manuel Machado y su poema “Melancolía”: Me siento, a veces, triste/ como una tarde del otoño viejo;/ de saudades sin nombre,/ de penas melancólicas tan lleno…/ Mi pensamiento, entonces,/ vaga junto a las tumbas de los muertos/ y en torno a los cipreses y a los sauces/ que, abatidos, se inclinan…  Y me acuerdo/ de historias tristes, sin poesía… Historias/ que tienen casi blancos mis cabellos.

Rosalía de Castro, poeta íntima, melancólica, que al hacer literatura gallega, la volvió un referente para el mundo. Una mujer que habitó sus tierras, las identificó con sus palabras, les dio nombre y dejó para la posteridad la belleza de dulces y arrebatados poemas.

Hacer poesía revela a la persona en su más profundo ser. Su mirada del mundo exterior deriva de las espinas del sentimiento, de sus dolores, de sus alegrías y emociones. Rosalía encuentra en los más leves sonidos, en el arrullo de las palomas, el tañer de una campana y en el ir del río los temas que la acompañan en el alma.

La caída de la tarde, ese desaparecer de la luz que toca su corazón, lo trae en palabras que siguen resonando a lo largo del tiempo y nos llegan en estos nuestros propios atardeceres. Fueron sus versos, de manera preponderante los producidos durante la última época de su vida, atravesados por las circunstancias difíciles que le deparó el destino. Cuando en los primeros tiempos utiliza la lengua y las tradiciones gallegas, rescata para la posteridad una historia que se estaba perdiendo, deslavada por el desinterés.

Rosalía de Castro escribe en una época en la que el gallego era una lengua despreciada. La eleva a una condición de primera importancia gracias a la valentía de la autora y la belleza y calidad de sus versos. Su obra estudiada y traducida, nos hace ver su trayectoria vital y nos coloca de frente con una protagonista de primera línea de un momento en el que marcaría fundamental antecedente para la labor y la obra de muchas otras valientes mujeres.

Continuará.