Emplear el concepto de patología social, surgido de la sociología y de la psicología social es indispensable en una sociedad como la coahuilense, que no es la única, pero sí muy urgida de análisis y explicaciones que ayuden a entender qué pasa aquí, ¿acaso hay vías que es preciso explorar para aliviar estos males antes de que se conviertan en crónicos y endémicos? Se está al acecho de explicaciones satisfactorias de lo que le pasa en realidad a los hombres y mujeres modernos, lo que hace de él o ella, animales tan angustiados e insatisfechos a causa de la exclusión de las estructuras sociales desvinculantes que los convierten en “máquinas”, ajenas a su realidad humana y esta incomprensible y extraña a sí mismos lo que puede conducir o ya condujo en este país a la  enajenación social sin que las autoridades judiciales o de seguridad social estén preparadas y dispuestas a atenderlos y explicarlos.

Un hecho de horror es el feminicidio que se está volviendo costumbre local, el asesinato con saña y violencia extrema a las mujeres crece, hace 2 años Coahuila se ubicaba en el tercer lugar nacional con una tasa bruta anual de 7.06, precedido por Guerrero con la tasa más alta, 12.79  y Chihuahua con 10.09.

En Coahuila, este año en el municipio de Matamoros en 3 meses se han perpetrado cuatro asesinatos de mujeres clasificados como feminicidios; la Red de Mujeres de la Laguna asegura que las autoridades se han cruzado de brazos o lo que mejor hacen es simular en sus investigaciones para prevenir y erradicar esos crímenes. Por su parte la Fiscalía General de Coahuila informó que el mes pasado fue el de mayor incidencia de ese delito con 5 casos (24-3-2019).

Estos hechos nos ponen ante un escenario de impunidad, falta de justica y estrategias para atender a los varones ultra violentos que están hundidos en trastornos paranoides, esquizofrenias, toxicomanías y otros que no son debidamente diagnosticados.

Otro hecho igualmente repulsivo y ruin es el de las violaciones; entre 2016-2018 se reportaron 3 mil 862 y en transcurso de 2019 se han elevado a 560 en menos de 3 meses (VANGUARDIA 16/3/2019); ante estos hechos a ese paso no basta con indignarnos,  porque el acoso sexual está siendo visibilizado en instituciones que debieran ser distinguidas por su ética, como las universidades públicas, que ahora están en la mira y han sido evidenciadas como protagónicas en los delitos de acoso sexual, la UAdeC y el Tec de Saltillo y más allá de las declaraciones de repudio, aun no se perciben estrategias claras e idóneas para combatir las calenturas de los varones, docentes, dirigentes y alumnos.

El acoso sexual afecta al personal y se define como cualquier avance sexual no deseado, solicitud de favor sexual, conducta verbal o física, gesto de condición sexual o cualquier otro comportamiento de naturaleza sexual que razonablemente pueda percibirse como una ofensa o humillación al otro. El acoso sexual es particularmente serio, puede interferir con el trabajo, convertirse en una condición de empleo o crear un entorno intimidatorio, hostil u ofensivo.

La violencia que viven día con día las mujeres indígenas y afromexicanas y empleadas del hogar está relacionada con la marginación, la pobreza, la falta de acceso a servicios públicos de educación, alimentación y vivienda,

En Coahuila los suicidios de jóvenes predominan y es una patología social que avanza, el año pasado terminó con 96 muertes de suicidas, el mes de enero de este año fueron 16, la causa más común es la de las relaciones amorosas fallidas; hay familias que presentan hasta 2 suicidios en un mes y ayer se consumó otro en Saltillo. Este auto crimen  es clasificado ya como un problema de salud pública.

¿Qué les pasa a los  saltillenses, a qué se debe esa infelicidad que llega al grado de terminar con la vida? No hay respuestas certeras.