Estuvo duro el agarrón que protagonizaron representantes del nuevo PRI y del viejo, que ahora conocemos como Morena. Riquelme contra Bartlett, por motivos más negros que el carbón coahuilense. Las deplorables condiciones de trabajo, la falta de seguridad, los siniestros que enlutan hogares mineros, el deterioro medio ambiental están en la base del problema, pero los políticos sólo pelean por el botín, por el control de las tranzas en torno a la venta de carbón.

Mientras los países del G-7 buscan y discuten la manera de poner fin a la explotación del carbón, mientras estados, provincias y países enteros han cerrado todas sus plantas de carbón, en Coahuila y en México la historia es otra, pareciera que queda mucho jugo por exprimir a la minería de carbón y muchas oportunidades o transas para seguir medrando.

Los métodos de estos dos PRIs son diferentes. El nuevo cuida formas que poco importan al viejo PRI. El nuevo PRI crea intermediarios oficiales, pide cuotas de desarrollo social, audita y deja jugar a varios actores, más a unos que a otros, si no, ¿para qué son los amigos? El viejo PRI es burdo, sigue la escuela de los setenta, del echeverrismo autoritario: loas al Tlatoani, ningún cuestionamiento. Apoyo a los amigos y punto, sin que importen las consecuencias. Los equilibrios son innecesarios, verticalidad absoluta.

Digamos que el nuevo PRI se preocupa por hacer bien el mal y el viejo PRI hace el mal a secas. ¿Nos encontramos frente a quienes tranzan en democracia y pugnan contra quienes tranzan en la post democracia? Por ejemplo, el nuevo PRI creó en el papel un intermediario gubernamental para sacarle la vuelta a las licitaciones, argumentando el apoyo social a los productores y a sus trabajadores. Con el paso del tiempo, el intermediario se convirtió en coyote, apoyó a sus consentidos, elevó las cuotas a los productores y generó una caja chica para sus transas.

Para el viejo PRI eso es mucho batallar, es necesario tomar clases de finanzas avanzadas que ocupan tiempo, ganas y humor. Esos enredos financieros son cosa de jóvenes estudiados en el extranjero, los de la Madrid, Salinas y Zedillo. Esos muchachos que enmendaron la plana por un momento y arrebataron el partido a los Echeverrías y López Portillos, después de que despedazaran al país.

Nos encontramos, pues, frente a dos formas de robar. En el fondo el control lo tiene el comprador de carbón que monopoliza la compra: Comisión Federal de Electricidad, hoy en manos del viejo PRI. ¿Dará jugada al nuevo PRI, a Riquelme y sus amigos? Lo dudo mucho. Por ello, pese a las promesas del Presidente, el viejo PRI regresó a sus añejas formas. Hizo a un lado a los productores grandes y medianos. Se persiguió a Ancira, se cerraron las puertas a Guadiana, pese a su cercanía con el Presidente y se ignoró a Riquelme.

Se forma un nuevo círculo de consentidos, ricos de último momento. Se asignan más de dos millones de toneladas a un sólo productor que no tiene capacidad para ministrarlo, pues sólo pueden hacerlo las empresas que encabeza Ancira, esto es, Micare. Tales cantidades de carbón sólo se producen alrededor de Nava. Las concesiones de este nuevo rico, apoyado por Bartlett, no se localizan en esa zona, pero... ¿qué importan esas minucias insignificantes? Este nuevo rico responde al nombre de Antonio Flores Guerra y es hermano de la alcaldesa morenista de Muzquiz, Tania Vanessa Flores Guerra. 

Ha sido denunciado por muchos, entre otros la Organización Familia Pasta de Conchos y, por supuesto, decenas de productores que están esperando a que “El licenciado Bartlett”, (como le llama el presidente López Obrador), se digne dispensarles su atención y alguna migaja que caiga de su mesa. Todo indica que no será así.

Mientras el viejo PRI hace de las suyas, y el nuevo PRI hace berrinches porque le arrebataron el botín, languidece la región carbonífera de Coahuila: muerte, pobreza y desempleo. Las promesas de Echeverría, perdón, de López Obrador, quedaron en promesas. Mientras unos ladrones roban a manos llenas, otros ladrones están al acecho, unos y otros van por todo, mientras dure.

El mundo entero ha puesto fecha de caducidad a la quema de carbón. Los viejos y nuevos traficantes tienen urgencia de robar mientras los alcanza la ola ambientalista o hasta que se los lleve la Parca. Entre ellos hay algunos ancianos, sorprende su ambición. Con 85 años de edad, uno pensaría que el “licenciado Bartlett” querría ponerse en paz. Tal parece que no es así. Quizá la lucha por reivindicar al viejo PRI sea un tónico vitaminado. Por cierto, en este juego, los ciudadanos, el PAN y el PRD no pintan ni un café, somos meros espectadores.

Jesús Ramírez Rangel
REGRESANDO A LAS FUENTES