El sábado caminé el Paseo Morelos de Torreón y la avenida Colón. El lunes fui al Centro de Convenciones de Torreón a una conferencia de prensa. El martes a una rueda de prensa de Canacintra. El miércoles caminé por el sur de la ciudad, en Zaragoza Sur, Ampliación Zaragoza Sur, Valle La Rosita. El jueves caminé el centro de Torreón y entré al mercado Juárez y después me di una vuelta por la clínica 16 del Seguro Social. En todos los días, en coche, recorrí la ciudad.

El Paseo Morelos estaba desierto. Allí estaba Gerardo que, con 18 años de oficio mesero, nunca había sentido una ausencia de clientes y movimiento en las calles como ahora con la pandemia del COVID-19. Tampoco Juan, que ya no sabe qué le espera. La tranquilidad de la vida nocturna hizo recordar los años aciagos de la violencia.

En el Centro de Convenciones, en la conferencia de prensa, correctamente había por lo menos el metro de separación entre silla y silla, entre reportero y reportero. Pero abrieron las puertas y en la entrada de las mismas y atrás, la sana distancia se convirtió en sólo discurso. Lo peor es que los amontonados eran servidores públicos de Coahuila y Durango.

El martes en Canacintra había sana distancia. Carlos Muñoz, el presidente de la cámara, dijo que el apoyo económico era para ya. Todavía no hay liquidaciones masivas, pero ya hay afectaciones en las producciones.

El miércoles, al sur de la ciudad, en uno de los sectores más rezagados de Torreón, no vi miedo, ni susto, ni temor. Los niños jugaban en las calles como en pleno julio. El sol vapuleaba la tierra de las calles sin pavimentar. Platiqué con Job y con Elvira, vecinos de Ampliación Zaragoza Sur, y los dos coincidieron que el encierro no está hecho para todos. No para ellos, que viven al día, que viven de lo que les pagan por semana.

Caminé por el centro de la ciudad, la Juárez, la Hidalgo, y miré vendedores afuera de los aparadores invitando a ver los productos. Uno que otro local con las cortinas hasta el suelo. Gente caminando por las calles. Letreros de sana distancia en las cajas. Entré al mercado Juárez y apenas saqué la cámara para tomar fotos, doña Socorro me dijo que ha bajado hasta un 90 por ciento la afluencia de comensales. Lo nunca visto. Ni cuando las devaluaciones, ni cuando la influenza, ni cuando la violencia. Nada se compara. Esteban, dueño de una ostionería, me dijo lo mismo. Ya piensa en cerrar si no se compone para la siguiente semana.

Las fondas están solas y se escucha el hervidero del caldo de pollo. Don Tatis hojeaba la sección de deportes del periódico local y vendía una receta para protegerse del coronavirus. Me ofreció la fórmula: diente de león, manzanilla y té verde. Es lo único que vende a últimas fechas.

En la clínica 16 y la torre de Especialidades del IMSS, se ve mucho movimiento. La gente usa cubrebocas. El personal médico tiene miedo. En la semana protestaron por la falta de insumos para ejercer su labor. No tienen guantes, cubrebocas, batas ni alcohol. En el estacionamiento de urgencias se instaló un filtro para detectar gente con posibles síntomas del coronavirus.

El flujo vehicular ha disminuido en la ciudad, pero todavía se mira mucha movilidad en las calles. Una ciudad que depende casi eminentemente del comercio y servicios no se puede dar el lujo de descansar. Los estacionamientos de los centros comerciales lucen casi vacíos. Están abiertos los negocios, pero no se ve clientela que los visite.

AL TIRO

Hablé con el psicólogo Roberto López Franco y criticó el discurso de los gobiernos, que dice, no han servido para permear la necesidad de un verdadero aislamiento social.

El lunes, en la conferencia de prensa, el gobernador Miguel Riquelme Solís presumió que se había hecho la prueba del coronavirus por recomendación del secretario de Salud, Roberto Bernal. La prueba salió negativa y en la misma declaración se aseguró que se la hizo pese no tener síntomas.

En la misma conferencia de prensa se dijo que había escasez de pruebas en el País y, desde que empezó la contingencia, Roberto Bernal ha dicho que no se puede hacer pruebas a todo aquel que quiera o que simplemente tenga un dolor de garganta.

Las autoridades deberían de ser coherentes en su discurso. Si el gobernador no tenía síntomas, no tendría por qué haber desperdiciado una prueba, así sea el gobernador. Todos coludos o todos rabones. ¿O en esta emergencia sanitaria hay tratamientos especiales? Quizá por eso todavía se ve mucha gente en las calles.

Francisco J. Rodríguez

Columna: Reflector


Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la universidad La Salle Laguna. Tiene más de 10 años como periodista. Es corresponsal de Vanguardia en la región Laguna, así como reportero investigador de Semanario. Ha trabajado y colaborado en otros medios como Revista de Coahuila, Newsweek en Español, SinEmbargo, W Radio, Imagen Laguna, entre otros. Fue becario de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y de la Red Global de Periodismo de Investigación. Ha obtenido premios y reconocimientos como el Premio Nacional de Periodismo Rostros de la Discriminación y el Premio Nacional de Periodismo y Divulgación Científica, así como menciones honoríficas en el premio de la Sociedad Interamericana de Prensa y el Premio Latinoamericano de Periodismo sobre Drogas. Actualmente también se desempeña como corresponsal de El Universal en Coahuila y Durango y es profesor de la Universidad Iberoamericana Torreón.