Durante el proceso de transición que medió entre la elección presidencial pasada y el inicio del gobierno del actual Presidente de la República, se dieron las primeras señales de la intención de debatir y comenzar el proceso de legalización o despenalización de las drogas en México. Esa intención se refrenda en el Plan Nacional de Desarrollo que acaba de ser dado a conocer, en donde se señala que la estrategia prohibicionista en insostenible y que “la única posibilidad real de reducir los niveles de consumo de drogas reside en levantar la prohibición de las que actualmente son ilícitas y reorientar los recursos actualmente destinados a combatir su trasiego y aplicarlos en programas de reinserción y desintoxicación”.

Al respecto creo que es importante hacer varios apuntes a las aseveraciones. Primero creo que es positivo optar por la legalización, aunque no se debe cometer el error de pensar que la legalización resuelve los problemas de seguridad o adicciones, aunque puede contribuir al menos en el primer rubro.

La legalización como ya lo he comentado en este espacio, puede ayudar a reducir los ingresos de las organizaciones del crimen organizado, que seguirán teniendo otras fuentes de financiamiento, pero perderán la más rentable de sus fuentes, lo que a su vez se traduciría en menos recursos para comprar armas, para financiar su expansión y para corromper autoridades.

Es decir, la legalización de las drogas puede ser parte de una estrategia para lograr organizaciones menos violentas, menos poderosas y con menor capacidad de propiciar la corrupción.

Sin embargo, disiento en gran medida de la idea de que la legalización contribuye a reducir el consumo, cuando la lógica y la evidencia demuestran lo contrario. La legalización reduce el costo de las sustancias, incrementa su oferta y reduce el riesgo de conseguir dichas sustancias; también genera incentivos para probarlas porque anula muchas de sus consecuencias, por ejemplo, una persona, que trabaja en un lugar que no tenga políticas internas respecto a su consumo, podría probarlas sin temor a perder su trabajo porque ya son legales.

A pesar de ello, podría tener algunos beneficios para los que ya son consumidores, por ejemplo, el control de calidad se eleva cuando las drogas son legales, ya que su producción puede ser supervisada por las autoridades y hay menos peligro de adulteración o la venta de sustancias como mariguana contaminada con pesticidas. Por ende, se gana en seguridad para los ya consumidores.

Lo importante creo yo es que, en el cotejo de ventajas y desventajas, las ventajas de la medida son mayores y por ende debemos de aplaudir la iniciativa del Gobierno. Aunque en varios puntos parece que son demasiado optimistas, por ejemplo, pensar que, en el proceso de legalización Estados Unidos estará a favor, cuando históricamente ha sido al contrario, incluso después de que ellos mismos en su territorio han iniciado el proceso de legalización de la mariguana.

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