El preso más emblemático del chavismo detalla en una entrevista con EL MUNDO sus planes, objetivos y estrategia inmediatos: "Venezuela debe ser la causa que una a todos los demócratas". Foto: Tomada de Internet
El preso más emblemático del chavismo detalla en una entrevista con EL MUNDO sus planes, objetivos y estrategia inmediatos: "Venezuela debe ser la causa que una a todos los demócratas"

Leopoldo López, el preso más emblemático del chavismo, está llevando a cabo una intensa labor de lucha contra el régimen de Nicolás Maduro desde Madrid, donde llegó hace escasas semanas tras pasar 18 meses en la embajada de España en Caracas y tres años y medio en una cárcel militar. Con una firme oratoria, lanza potentes mensajes.

El político fue arrestado en 2014 y sentenciado a 14 años de cárcel, acusado de liderar los actos violentos en las marchas antigubernamentales que se llevaron a cabo ese año. Cumplió su condena durante casi tres años en la cárcel militar de Ramo Verde y, posteriormente, pasó a arresto domiciliario hasta su liberación en abril de 2019. Aquel día se sumó al levantamiento que lideró Juan Guaidó, reconocido como presidente interino de Venezuela por cerca de 50 países, cuando se dirigió junto a una treintena de militares a una base militar en Caracas.

En una entrevista con el periódico español El Mundo, publicada este lunes, López dio su punto de vista sobre a injerencia de naciones extranjeras en su país. Además, analizó la crisis política, económica y social en la que está sumergida la nación gobernada por el régimen de Nicolás Maduro. Y señaló que su objetivo es lograr la celebración de elecciones presidenciales justas y democráticas.

Pregunta: Su huida de la embajada española en Caracas coincidió con el cambio de embajador. ¿Cree usted que este relevo es la antesala de un giro en la política del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, respecto a Venezuela?

Respuesta: Al llegar a España hablé con el presidente Sánchez y lo que escuché de él como jefe de Gobierno fue una política muy clara a favor de la libertad y de las elecciones libres en Venezuela y de articular una coalición internacional lo más amplia posible para poder lograr la liberación del pueblo venezolano a través de unas elecciones libres, justas y verificables.

P.  Desde la izquierda española se han escuchado voces que piden que el Gobierno español le devuelva a Venezuela. Es más, hace justo una semana, el vicepresidente Pablo Iglesias aseguraba en una entrevista que «el señor López no ha apostado por las vías democráticas y pacíficas en su país».

R. Siempre hemos planteado elecciones en Venezuela y ha sido una lucha, porque no se trata de plantear elecciones en un país como España o en otro país democrático europeo, sino que en el caso de Venezuela es una lucha de largos años. En 2018 hubo unas elecciones presidenciales fraudulentas y en 2015 hubo unos comicios que ganamos, pero antes, en mayo de ese año, yo estaba en la cárcel e hice una huelga de hambre donde ya pedí unas elecciones libres, justas y verificables. Y no fui el único que hice esa huelga de hambre, sino decenas de personas fuera y dentro de la cárcel. Finalmente, se celebraron a finales de ese año. Nuestro objetivo de lucha siempre son las elecciones, como aquella vez con la huelga de hambre. Nuestro compromiso son las elecciones. Ahora bien, nosotros somos firmes con ese compromiso, no somos pasivos, no permitimos que se nos calle, buscamos siempre alzar la voz y nos estamos enfrentando a una estructura criminal y a un criminal, Nicolás Maduro, que ha sido señalado por las propias Naciones Unidas. Así que nadie nos pida que no busquemos incentivar y alentar la conciencia democrática del pueblo venezolano. Yo le pregunto a cualquier español: si estuviera sometido a lo que está siendo sometido Venezuela, ¿qué no harían? Lo que hacemos nosotros es por amor a Venezuela. Lo que necesita Venezuela es la articulación de millones de personas de la mano con gobiernos y parlamentos de los países democráticos del mundo para liberar a nuestro pueblo.

P: ¿Le preocupa que Podemos forme parte del Gobierno español?

R: Venimos del combate contra una estructura criminal que nos ha buscado anular y no lo ha logrado. Yo no tengo miedo a ningún tipo de escenario en el que busquen callarnos la voz. Lo que pedimos es algo que difícilmente alguien que se llame demócrata puede estar en desacuerdo con nosotros: estamos pidiendo unas elecciones cuyo resultado lo va a decidir el pueblo venezolano. Estos días veía que se celebraban elecciones en Bolivia y allí estaba el señor Iglesias, pues eso es lo que queremos nosotros para Venezuela: unas elecciones libres, justas y verificables donde el pueblo venezolano decida su destino. Entonces, hay que ser coherentes: si se celebran unas elecciones en Bolivia, ¿por qué no promoverlas en Venezuela? Y esto no tiene que tener una marca ideológica. Las elecciones no son de izquierdas o de derechas. Y eso es lo que estamos pidiendo y hemos pedido al presidente Sánchez, pero también a Inés Arrimadas, de Ciudadanos, a Pablo Casado, del PP, a Santiago Abascal, de Vox. Y se lo plantearemos a todos los partidos. Porque los venezolanos no lo podemos hacer solos. Porque nos enfrentamos a una estructura criminal que cuenta con apoyos internacionales poderosísimos y para lograr el camino a la democracia pedimos el apoyo a todos los que aprecien la libertad y se llamen demócratas.

P: ¿Estamos ante el germen de un gobierno en el exilio del presidente encargado, Juan Guaidó?

R: No, yo no lo veo así. Hay una realidad: que hemos sido forzados a tomar la decisión. Yo no quería irme de Venezuela. Siempre lo dije. Sin embargo, ahora, tras distintos episodios de esta larga lucha, llegué a la conclusión de que tenía que salir de Venezuela. Lo importante es que el líder de este proceso, Juan Guaidó, que es el presidente encargado, está en Venezuela y se va a mantener allí. No podrá haber un gobierno en el exilio mientras se mantenga Juan Guaidó en Venezuela. Y hoy aprovechamos los avances tecnológicos para tener una contribución en tiempo real. Yo estoy físicamente en Madrid, pero mi corazón y mi cabeza están en Venezuela. Mantenemos nuestro compromiso de lucha en Venezuela, la primera línea de resistencia y de avance hacia la liberación de Venezuela está allí con el liderazgo, y nosotros, desde aquí, lo que hacemos es apoyar y complementar una coalición nacional con una internacional que apunte hacia el mismo objetivo.

P: En el año y medio que estuvo en la embajada española de Caracas, usted ejerció como una especie de primer ministro de Guaidó. Desde Europa, ¿se va a convertir ahora en su jefe de la diplomacia, en una figura similar a la de un gran secretario de Estado americano?

R: Articularé las distintas áreas del gobierno interino: diplomacia, parte económica y financiera... Lo más importante es que tenemos que trabajar todos articulados. Yo ahora vengo a complementar, a ayudar a ese equipo para llegar a la mayor cantidad de gobiernos, parlamentos, organizaciones, medios, para que nuestra causa tenga el mayor apoyo.

P: ¿Será su primer objetivo Bruselas? ¿Va a hacer llegar a Europa, y en concreto al jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, el mensaje de más acción y sanciones y menos diálogo, justo la senda contraria que estaba llevando recientemente la Unión Europea?

R: He hablado con Borrell para poder ir lo antes posible a verle, cuando lo permita la pandemia. Pero también acudiré a otros países europeos, y americanos como Brasil, Colombia o Estados Unidos.

P: ¿Y respecto a menos diálogo y más sanciones?

R: Yo creo que todos los esfuerzos que se hagan tienen que ser complementarios. La interlocución es válida y tiene que ir hacia un mismo fin. Las sanciones tienen que ser aplicadas estratégicamente. Pero la clave está en tener un objetivo. Hay tres grandes propuestas sobre Venezuela: están los que dicen que las fuerzas democráticas tienen que resignarse ya, otra tesis dice que lo que corresponde es una intervención militar con el apoyo de algún país, y en el centro está lo que estamos planteando nosotros, con el 70% del respaldo del pueblo venezolano, que se trata de que la salida a esta crisis debe pasar por unas elecciones presidenciales libres, justas y verificables. ¿Y cómo lo hacemos? Ahí entran los incentivos positivos y también las sanciones y la presión. Las sanciones bien dirigidas, individuales, son muy importantes. Se tienen que utilizar los informes de Naciones Unidas como un elemento para determinar quiénes pueden ser en este momento objeto de sanciones. En septiembre pasado, se publicó el informe del Consejo de Derechos Humanos de la ONU donde se hace un relato de cientos de casos de torturas, violaciones de derechos humanos, manipulación de la justicia... Y de ahí se desprenden 46 nombres de fiscales, jueces, policías, militares que han sido responsables de haber cometido estas violaciones de derechos humanos. Yo creo que esos nombres tienen que ser presentados para ser sancionados en Europa, en Estados Unidos. Hay que trazar rayas rojas, hay temas inaceptables, que no tienen justificación política ni mucho menos adhesión ideológica. El mundo libre tiene que cerrar filas ante la violación de derechos humanos y crímenes de lesa humanidad de Nicolás Maduro. Éstas son señales muy claras que tienen que llegar del mundo libre, de Europa, que digan 'no más impunidad', y, si cometes estos delitos, vas a ser sancionado. No podemos ser cómplices de la impunidad.

P: Todas las miradas están puestas en las elecciones del 6 de diciembre orquestadas por Nicolás Maduro. ¿Qué cree que va a acontecer esa jornada?

R: Esa jornada es un fraude, como lo han anunciado países como España. Ya ocurrió en 2017 con la Asamblea Constituyente que eligieron de forma fraudulenta, y en 2018 cuando Maduro se presentó. Es la caricaturización de la democracia como lo hacía Sadam Husein en Irak o Fidel Castro en Cuba. Eso es lo que hace Maduro, y el resultado va a ser un señalamiento muy claro en Venezuela y el mundo entero de que esas elecciones no pueden ser reconocidas porque fueron el resultado de un fraude.

P: ¿Y qué espera de la cita a la que Guaidó ha convocado a los venezolanos pocas jornadas después del 6 de diciembre? ¿Quieren convertir la celebración de esa gran consulta popular en las contraelecciones chavistas?

R: Esta consulta planteada por el presidente Guaidó es el inicio de una nueva etapa en la que requerimos movilización. Es una consulta con preguntas al rechazo al fraude electoral o la convocatoria de elecciones. Es el inicio de una nueva etapa de unificación de fuerzas. Está siendo una lucha muy larga y a veces la gente nos dice: 'Yo ya salí a la calle a protestar y no salgo más'. Pero no nos podemos cansar. Aquí nosotros tenemos un desafío individual para cada venezolano, de cada conciencia, de luchar hasta vencer porque la dictadura no puede vencer a quien no se rinde. Tenemos que seguir empujando y caernos y levantarnos. Y eso que estamos articulando esa consulta en la mayor adversidad. El país está totalmente paralizado, sin gasolina, con la mayor reserva de petróleo del planeta tierra, y eso no tiene que ver con las sanciones, sino con la incapacidad estructural y la corrupción profunda. Venezuela está importando de Irán, de un país que tiene unas sanciones más severas que Venezuela. Pero, a pesar de las circunstancias, de la pandemia, de la falta de gasolina, luz o gas, tenemos que organizarnos para que la herramienta más poderosa, que es la gente, se pueda organizar y expresar a favor de un cambio.

P: Otra fecha crucial es el 6 de enero, cuando acabaría la legislatura de la Asamblea Nacional, presidida por Guaidó. Los diputados están asustados. ¿Teme usted también que habrá violencia? ¿Cuál va a ser su posición y estrategia?

R: El 5 de enero es una fecha muy importante porque es cuando se instala la Asamblea Nacional. En 2015 hubo unas elecciones parlamentarias que logramos ganar contra viento y marea. Esa elección se ganó con dos tercios de la composición de la Asamblea. Y esa Asamblea, a la semana de ser electa, fue sometida a un proceso de ataque de la dictadura que no ha parado en cinco años. Los diputados han sido asediados, acorralados, perseguidos judicialmente, se les quitó la sede, las fuerzas de la dictadura sacaron físicamente a la Asamblea legítima del palacio federal, pero, a pesar de eso, aún así ha seguido la Asamblea con la legitimidad de los votos que la eligieron. Esa Asamblea debería haber sido sustituida en unas elecciones libres, justas y verificables, pero, al no haber una elección, sino un fraude, no hay una sustitución legítima de esa Asamblea y, como no puede haber un vacío, lo que se plantea y lo que va a ocurrir es la continuidad institucional de esa Asamblea elegida en 2015 hasta que haya unas elecciones legítimas. No es el escenario que nosotros quisiéramos, sino el de unas elecciones limpias en diciembre que la sustituyera, porque además estoy convencido de que la hubiéramos ganado con dos tercios.

P: Para ese 5 de enero, ¿cuentan con el apoyo de toda la oposición, incluido Henrique Capriles?

R: Del partido de Capriles tengo el apoyo y de todos los que están en la Asamblea Nacional. También lo tengo de la comunidad internacional. Esto es un bastión de lucha. Esta Asamblea debe continuar porque es un referente de la lucha, es un pilar para seguir luchando.

P: Ha seguido ya desde Madrid las elecciones estadounidenses y la victoria del candidato demócrata. ¿Espera un cambio de política respecto a Venezuela con Joe Biden?

R: La posición en Estados Unidos ha sido muy clara, no sólo con la Administración Trump, que ha puesto el tema de Venezuela en un lugar de una relevancia internacional muy significativo, sino que también lo fue con la Administración Obama. Pero el referente más importante es lo que ocurrió el pasado mes de febrero en Estados Unidos, cuando Juan Guaidó fue invitado a participar en el evento anual más significativo, en el Discurso del Estado de la Unión. Cuando se hizo mención a Guaidó, tanto demócratas como republicanos le dieron una ovación. La causa venezolana es en Estados Unidos una causa bipartidista. Y ese mismo abordaje bipartidista en el caso norteamericano es lo que nosotros planteamos para España y para Europa, que el caso venezolano sea una causa que una, una causa que permita que todos los demócratas independientemente de cuál sea su posición ideológica puedan apoyar.

Con información de El Mundo