En septiembre de 1968, en la comunidad de San Miguel Canoas, en el estado de Puebla, el sacerdote del pueblo lanzó un discurso inflamatorio hablando de comunistas, que con su bandera roja como el infierno y negra como el pecado insultaban a Dios y a la patria, asegurando que llegarían a despojar a sus habitantes y a prohibir la religión. Aquel día, los habitantes del pueblo fueron despertados y armados con machetes, palos y antorchas y se dirigieron a la casa donde estaban hospedados cinco jóvenes de la Universidad Autónoma de Puebla que habían decidido escalar el volcán “La Malinche”. El cura los llamó comunistas e incitó a los aldeanos a amotinarse y a matarlos, asesinando a tres de los cinco, así como al dueño de la casa.

En México, como en el resto del mundo, han estado apareciendo grupos de extrema derecha que han cobrado una presencia preocupante, puesto que en su discurso señalan con dedo flamígero lo que ellos consideran que está mal y no aceptan posturas políticas o religiosas que se salgan de sus cánones de conservadurismo, siendo tan perversos que proclaman no tener ninguna ideología, acusando y denunciando a otros de ser comunistas, chavistas, liberales, retrógrados, etc. Quienes manifiestan esa actitud de odio, son supremacistas, machistas, xenófobos, homófobos, autoritarios, fanáticos religiosos e intolerantes que hipócritamente hablan de buenas conciencias y del bien común.

Mucho de lo anterior lo estamos viviendo actualmente en México, debido a que hay quienes no entienden que se vive un proceso de transición. Y como en todos los cambios hay ganadores y perdedores, orillando a los viejos actores a la desesperación de los nuevos tiempos, donde la esencia de la democracia es la posibilidad real de la alternancia política, expresando que todo individuo de cualquier signo ideológico debe estar dispuesto a aceptar la posibilidad de la derrota electoral en el entendido de que en el futuro habrá otras oportunidades para volver al poder. De ahí que el político piensa en la próxima elección y el estadista en la próxima generación.

Desde el inicio de esta administración federal han surgido individuos y grupos intolerantes, opositores a la 4T. Uno de ellos es el denominado Frente Nacional Anti-AMLO (FRENAAA), cuyo dirigente Gilberto Lozano, empresario de Monterrey, pidió la destitución del Presidente aduciendo que es un dictador, que nos lleva al comunismo y que el País se venezualizará. Para eso convocó a las fuerzas armadas a derrocarlo; además pidió a su comunidad asesinarlo y entregarle su cabeza en una charola. Algunos de los integrantes de FRENAAA combinan la religión con la política al pedir con rezos que López Obrador abandone el cargo.

Diego Fernández de Cevallos, otro actor intolerante del viejo régimen, llamó al Presidente cobarde, mentiroso, retrasado mental y tramposo. El escritor Francisco Martín Moreno dijo que si se pudiera regresar a la época de la inquisición él colgaba y quemaba a cada uno de los morenistas en el Zócalo capitalino. Y existen más individuos como Pedro Ferriz, Carlos Alazraki, Loret de Mola, Ciro Gómez, Carlos Marín, Héctor Aguilar Camín y otros que medraron con los gobiernos anteriores y ven con temor la pérdida de sus privilegios.

En los últimos meses, más de 650 científicos e intelectuales pidieron al Presidente frenar ataques contra la libertad de expresión, sin entender que con el sólo hecho de que su desplegado fuera publicado están haciendo uso de la libertad de expresión. Sin embargo, muchos de los firmantes de este grupo apoyaron las políticas neoliberales quedándose callados cuando se saqueó al País y no reclamaron a los gobiernos anteriores cuando sí se censuraba a periodistas; y ahora resulta que se sienten ofendidos.

Recientemente, más de dos mil personas, integrantes de la comunidad académica, literaria y artística, además de periodistas, empresarios y políticos, suscribieron una carta abierta dirigida al Presidente para exigir respeto a las decisiones del Instituto Nacional Electoral (INE) y respaldar a sus consejeros ante las difamaciones con las que, según ellos, se busca desacreditarlo. La pregunta es ¿por qué no hicieron lo mismo en administraciones pasadas?, ¿por qué durante las elecciones correspondientes se hicieron de la vista gorda para reclamarle al Presidente de la República o al INE los fraudes cometidos por los partidos políticos?

En ambos casos pareciera que los firmantes buscan recuperar los privilegios perdidos, y sus advertencias revelan el temor que tienen a perder la impunidad absoluta con la que varios de ellos hicieron grandes negocios al amparo del poder.

La historia nos enseña que cuando se pone en práctica un proceso de transformación siempre se produce una reacción conservadora. Pero ¿es obligación tolerar a los intolerantes? La tolerancia consiste en soportar lo que no es como nosotros; cuando no existe se presentan actos de violencia y conflictos permanentes.

A Voltaire se le atribuye una expresión que ilustra muy bien la idea: “No comparto lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”. Un humorista brasileño, el Barão de Itararé, tenía como lema una versión ligeramente modificada de la frase de Voltaire: “Defenderé hasta la muerte tu derecho a ser un imbécil”.

Considero necesario exigir que todo movimiento que predique la intolerancia, quede al margen de la ley y que se considere criminal cualquier incitación a la intolerancia. De lo contrario podemos caer en el extremo trágico de lo que sucedió en la comunidad de Canoas.