Odisea. Ana Lucía de Nigris, estudiante de Nutrición, narró su viaje de España a Saltillo, en medio de una epidemia. | Foto: NAZUL ARAMAYO
Joven estudiante llegó de España a nuestro País con el temor de la epidemia en Europa, y no fue sometida a ninguna revisión; ni en la CDMX ni en Monterrey

“¿Has estado en China?”, fue todo lo que las autoridades de Migración en el Aeropuerto de la Ciudad de México le preguntaron a Ana Lucía de Nigris, quien tuvo que adelantar su regreso al país por la emergencia sanitaria por el coronavirus en Madrid, España.

“Mi escala fue en la CDMX y no hubo nadie que nos tomara la temperatura, se veía una mesa con un letrero de COVID-19, pero no había nadie haciendo nada, simplemente estaba ahí, cuando pasé por Migración solamente me volvieron a preguntar que si había estado en China y eso fue todo”, narró la joven de 21 años que se fue de intercambio a España para continuar sus estudios en Nutrición.

Su plan era permanecer un semestre, a partir del 17 de enero, pero la contingencia sanitaria por la propagación del coronavirus la obligó a retornar a México el 29 de febrero.

En ese entonces, España tenía 40 casos confirmados de coronavirus. Hoy tiene más de 11 mil 100 personas contagiadas. Mientras que México tenía apenas 3 casos confirmados y hasta momento contabiliza 82.

“Estaba un poco asustada, pero al ver a todos como si nada me tranquilizaba que no estuviera grave la situación. Las clases seguían sin cancelarse, pero aun así me regresé pensando que iba a volver en tres semanas como máximo. Todo mundo seguía saliendo a restaurantes, bares y lugares públicos como si nada”, contó Ana Lucía sobre el ambiente aparentemente tranquilo en Madrid, pues tampoco veía a gente con cubrebocas, aunque estos se encontraban agotados en las farmacias.

Ante la preocupación de sus padres, que le comentaron que los contagios iban incrementando en España de una manera alarmante, decidió volar a México. En el aeropuerto madrileño se encontró sorpresivamente con el mismo escenario relajado que en las calles de la capital española.

“Cuando llegué al aeropuerto de Madrid, la verdad lo encontré muy tranquilo y al igual como si nada, en el mostrador lo único que me preguntaron fue que si no había viajado a China y pues no lo había hecho. En el vuelo de Aeroméxico todo normal, yo pensé que nos iban a dar algo para desinfectar los asientos pero no, así que yo llevaba mis propias ‘wipes’ para hacerlo”.

En la CDMX le volvieron a preguntar lo mismo y nada más. Eso sí, vio a mucha gente utilizando tapabocas. “Después tomé un vuelo a la ciudad de Monterrey, en donde al llegar tampoco se tomó ninguna medida porque nadie estaba tomando la temperatura ni preguntando por algún otro síntoma”.

HACE LA PRUEBA POR SU CUENTA

Desde que Ana Lucía llegó, ninguna autoridad sanitaria le aplicó alguna prueba o le tomó síntomas pese a que había llegado de un país que tuvo un crecimiento exponencial en el contagio del COVID-19. Fue por su propia iniciativa que acudió al hospital.

“El día 11 (de marzo) acudí al Hospital Muguerza a realizarme una prueba de coronavirus, debido a que había traído dolores de cabeza y un poco fiebre me realizaron el protocolo haciéndome la prueba, en donde nos daban dos opciones: la primera era mandarla al Muguerza de Monterrey para que fuera analizada teniendo un costo, o mandarla a la Secretaría de Salud; mis papás prefirieron mandarla al Muguerza porque la iban a tener listo el resultado al día siguiente. Estuvimos insistiendo diario al hospital debido a que se estaban tardando mucho. Recibí el resultado hasta el día domingo por la noche. Así que todos esos días fueron de estar esperando. Nos comentaron que la tardanza se debió a que tenían muchas pruebas que analizar en Monterrey”, dijo.

MÁS TRANQUILA TRAS RESULTADOS

El resultado de la prueba fue negativo. No se encuentra en aislamiento y continúa sus estudios mediante clases en línea mientras las escuelas en México se alistan para la suspensión de actividades a partir del 20 de marzo, y las empresas también empiezan a considerar el “home office” como una medida de prevención ante la pandemia mundial de coronavirus.

“Lo único difícil y que se me ha complicado es que los horarios son los de España, así que tengo clase a las 3 de la mañana y 6 de la mañana”.

Nazul Aramayo

1985. Reportero enfocado en temas de movilidad, medio ambiente, historias de vida, cultura popular, música, literatura. Autor de los libros “Cantinas que merecen ser amadas y personas que no” (Producciones El Salario del Miedo: 2019), “La Monalilia y sus estrellas colombianas” (FETA: 2017) y “Eros díler” (Jus: 2012). Ha sido ganador del Premio Estatal de Periodismo Coahuila 2017 y 2018, en los géneros de Crónica y Mejor Trabajo de Periodismo Cultural respectivamente. Ganador del XXIX Concurso Literario Nacional “Magdalena Mondragón” en el género de cuento. Ha sido becario del PECDA y FONCA.