BOSTON, MASSACHUSETTS. La elección de Donald Trump ha sacado a la luz lo mejor y lo peor de los Estados Unidos. Hemos enfatizado demasiado lo negativo; centrémonos ahora en lo positivo. 

Tengo ya varias semanas inmerso en el ambiente universitario bostoniano. La última vez que vine fue antes de las elecciones presidenciales. Encontré algunos cambios. Estados Unidos siempre ha sido un país con un denso tejido social que reapareció por todo el país en una multitud de organizaciones decididas a “resistir” las políticas de Trump. Su participación fue determinante para frenar la derogación de la ley de salud llamada “Obamacare”. 

Uno de los rasgos de este movimiento es la importancia que dan a la información de calidad. Esa exigencia es una de las razones para el vigor del periodismo de investigación, que es clave para la acción porque utiliza el rigor científico para explicar los asuntos públicos. Para Trump y su equipo The New York Times, The Washington Post, ProPublica, CNN, Rachel Maddow de MSNBC, entre otros transmiten “noticias falsas”. Los medios aludidos siguen adelante apoyándose en una sólida base social. El presidente de la cadena CBS lo sintetizó en una frase: el fenómeno Trump “podrá no ser bueno para Estados Unidos, pero está siendo extraordinario para CBS.”

Se refería a la reacción de quienes buscan en los medios una orientación a sus dudas y explicación del momento. The New York Times es uno de los mejores periódicos del mundo y acaba de recibir tres Pulitzer. Actualmente tiene alrededor de 3 millones de suscriptores, si se toma en cuenta el crecimiento que están teniendo esperan llegar a 10 millones, la mayoría digitales. Es una bocanada de esperanza para un diario cuyas finanzas languidecían por la caída en la edición impresa causada por la revolución tecnológica.

Apoyarse en suscriptores está reduciendo la dependencia de los anunciantes. Algo parecido sucede con otros medios porque, ante la polarización, aumenta la disposición a pagar por periodismo independiente de calidad; lo que en parte se debe a la aceptación de sufragar una renta mensual que ha legitimado Netflix. Estamos en otra época.

El auge de estos medios continuará porque Trump va sembrando tempestades y el periodismo de investigación está empeñado en desmenuzar y hacer accesible su gobierno. Uno de los mejores barómetros es la intervención de Rusia a favor de Trump durante las elecciones. Sobre ese tema hay una competencia entre medios que se disputan el privilegio de añadirle piezas al rompecabezas. Es un tema adictivo que tiene la mezcla de intriga, complejidad y densidad de las mejores novelas de John Le Carré. Rusia empezó siendo motivo de acidez pasajera para Trump y los suyos y se está convirtiendo en una úlcera por la cual sangra el círculo que rodea al presidente. Nadie se atreve a pronosticar el desenlace y consecuencias. 

Este tipo de periodismo es posible porque hay funcionarios dispuestos a “filtrar” detalles de la intriga. Quienes conocen Washington saben que los documentos y las confidencias son monedas de cambio e instrumentos de la política; por ello es que el periodista de investigación protege a sus fuentes. El presidente Trump y su equipo descalifican las filtraciones, pero son condenas inútiles, porque la filtración es tan típicamente estadounidense como el pay de manzana.

En el trasfondo está un enfrentamiento ideológico profundo. Los conservadores también cuentan con sus periodistas de investigación que vigilan a sus adversarios y presentan sus razonamientos. Es una lucha de trincheras sin desenlace a la vista; lo que está en juego son las reglas fundamentales para el funcionamiento de la potencia. 

Desde otro ángulo, la vitalidad del periodismo de investigación y de las filtraciones es una señal de la importancia que concede esta sociedad a acercarse a la verdad lo más que se pueda. Por supuesto que sigue habiendo negaciones y ocultamientos, pero hay disposición a escuchar críticas sustentadas en hechos. Esta pasión por los hechos es, para mí, lo mejor de los Estados Unidos, una sociedad que, por cierto, está dispuesta a compartir su información y debatir sus ideas con visitantes como el autor de esta columna. Y tenemos bastante que discutir sobre la corresponsabilidad en la epidemia de violencia criminal que nos afecta. 
 
Twitter: @sergioaguayo
Colaboró Maura Roldán Álvarez.