Voy a hablarle de la reforma educativa que hicimos en la 62 Legislatura y que está a punto de ser barrida por la iniciativa que presentó el 12 de diciembre de 2018 el presidente Andrés Manuel López Obrador, y a como se ven las cosas no van a quedar “ni puntos ni comas”, como lo anunció el coordinador de la bancada morenista en San Lázaro. 

Me voy a permitir compartirle, generoso leyente, algunos aspectos sustantivos que usted como mexicano debe conocer, ya generará su opinión al respecto. Voy a transcribir parte de la fracción III del artículo tercero constitucional vigente: “…el ingreso al servicio docente y la promoción a cargos con funciones de dirección o de supervisión en la educación básica y media superior que imparta el Estado, se llevarán a cabo mediante concursos de oposición que garanticen la idoneidad de los conocimientos y capacidades que correspondan. 

La ley reglamentaria fijará los criterios, los términos y condiciones de la evaluación obligatoria para el ingreso, la promoción, el reconocimiento y la permanencia en el servicio profesional con pleno respeto a los derechos constitucionales de los trabajadores de la educación. Serán nulos todos los ingresos y promociones que no sean otorgados conforme a la ley…”.

El texto constitucional es expreso cuando establece que los términos y condiciones de la evaluación obligatoria se dan con pleno respeto a los derechos constitucionales de los trabajadores. 

No obstante lo que se “vendió” al magisterio era que atentaba contra sus derechos laborales. Y el gobierno peñanietista no salió a desmentirlo, dejó que corriera. 

Se le endilgó el término de reforma laboral, no educativa. Con el examen de oposición se fijó claramente que la dirección de la educación se le devolvía al Estado mexicano, que los maestros dejaban de ser herramientas corporativas del sindicato magisterial y se convertían en protagonistas del debate educativo, que ya no sería el poderoso Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) –la organización sindical más grande de América Latina– la que marcaría la pauta y que se les acababa el negocio de la vendimia de plazas a los lideretes. Y además se introdujo el mérito como principio rector para el ingreso y desarrollo de la carrera docente… anatema. 

Esta fue la disposición que la hizo punitiva. No obstante que mediaban tres exámenes de evaluación con la prescripción de que si no se aprobaban se tenía derecho a la capacitación anual correspondiente y a presentarlo de nueva cuenta, si la tercera evaluación tampoco se aprobaba, el docente tenía dos opciones, ser reasignado a un área administrativa o retirarse del servicio, en ambos supuestos, con todos sus derechos a salvo. Y algo muy relevante, a mejor desempeño, mejor paga. Es lo justo. 

Como dato. El haberle restado poder al sindicato permitió lo que nunca se había podido hacer: un censo de escuelas y maestros y elaborar un diagnóstico. Se encontró que muchos maestros acaparaban plazas sin trabajar y edificios escolares en condiciones deplorables. Había que rehabilitar 33 mil escuelas con una inversión de 50 mil millones de pesos,  supervisar la educación básica, un área con 26 millones de alumnos, 1.2 millones de maestros y 226 mil escuelas y multiplicar el número de escuelas de tiempo completo. 

Por otro lado, la evaluación trajo consigo un relevo generacional. Hasta antes de la reforma “punitiva” se necesitaban 27 años de servicio para ser director. 

Hoy día en el 12 por ciento de las escuelas hay directores jóvenes que llegaron por méritos propios, es decir por sus resultados en los exámenes. Los frutos de la reforma que hicimos se verían, según los expertos, en 10 años o en dos ciclos de primaria. 

Soñamos con un cambio educativo ad hoc con una sociedad más democrática, más abierta y sobre todo, más crítica. Quienes participaron en los foros, maestros y especialistas lo dijeron con toda claridad, se requerían programas y planes enfocados “a la pedagogía, no a los contenidos prescriptivos”. 

También propusieron como los tres pilares fundamentales del nuevo diseño curricular: lenguaje y comunicación, pensamiento matemático y exploración de las ciencias naturales y sociales. Asimismo, los nuevos planes de estudio integrarían el desarrollo personal y social de los niños. 

Esto incluye educación emocional, física y en el arte. 
Y algo bien innovador, el 20 por ciento de la enseñanza podría ser definido por cada escuela. Soñamos con que se formaran maestros preparados para un cambio de esa envergadura, con una propuesta diferente. Que pena que el gobierno de la cuarta haya decidido tirarla a la basura… Lo que estará en vigor es copiar y aprender inglés con maestros que no importa que no dominen la lengua de Shakespeare, entre otras novedades… ahh… y vuelta al jugoso negocio de la venta de plazas o su entrega a parientes y recomendados… a la CNTE hay que tenerla contenta –ya le dieron adelanto de 5 mil plazas sin examen de por medio–, o no coopera. 

Los niños y los jóvenes no tienen la menor importancia… es decir, su derecho a recibir educación, aunque sea derecho fundamental garantizado por el Estado –de calidad y con los mejores al frente de la clase–… Que se siga jo… jorobando México.