En la semana el presidente Andrés Manuel López Obrador visitó La Laguna y tenía en su agenda la inauguración del Centro Regional de Identificación Humana en Saltillo, un proyecto de más de 90 millones de pesos que tiene como objetivo principal la identificación de restos óseos y cuerpos no identificados que fueron enviados a fosas comunes.

Sin embargo, el mero día de la visita se anunció que no estaría presente en el evento. Horas antes había acudido a Gómez Palacio a inaugurar un centro comercial. Fue más importante eso que un tema que ha lastimado a miles de familias mexicanas.

No hay que ser adivinador para saber que la cancelación de su presencia seguramente se debió al enojo que ya existía de parte de los colectivos de familias de desaparecidos en Coahuila. Una, porque se enteraron por los medios del evento de inauguración y no habían recibido ninguna invitación. Dos, porque las familias de desaparecidos estaban molestas que se fuera a inaugurar el Centro cuando todavía no hay un organigrama, un reglamento de operación ni personal contratado. Tres, porque el Presidente habría venido sólo para la foto de un proyecto impulsado hasta el cansancio por las familias, ávidas de herramientas para identificar los miles de restos hallados en los últimos cinco años, así como los cientos de cuerpos no identificados que fueron enviados a la fosa sin ningún registro genético o al menos una sistematización de dónde fueron enterrados con exactitud.

Hoy es el Día Internacional de las Víctimas de Desaparición Forzada. En otras ocasiones hemos hablado en este mismo espacio de la cifra de desaparecidos que hay en el País –más de 70 mil– y en Coahuila –más de 2 mil según el Estado y más 3 mil según el Registro Nacional.

Sin embargo, hay otros datos que reflejan lo podrido del sistema; que reflejan también la falta de procedimientos que en su momento no existieron en el tratamiento de cuerpos no identificados y entierros en fosas comunes. Que reflejan pues el oprobio.

El desorden, de inicio, se encuentra en un dato: la Fiscalía General ha cambiado la cifra de no identificados registrada en los últimos años: hace dos años declaraban, aseguraban, casi lo firmaban, que eran 498 la cifra exacta. En respuesta a una solicitud de información, la Fiscalía refirió que el número de no identificados en Coahuila es de 889 desde 2006; 131 cuerpos no identificados desde 2018.

Pero aunque usted no lo crea, en 20 cuerpos identificados ¡no existe dato de la fecha en que fue encontrado! Es decir, no existió un reporte, un registro por escrito de ese cuerpo. Y, por consecuencia, tampoco se conoce la causa de muerte. Pero ahí no terminan las malas prácticas. En 87 cuerpos no identificados no se tiene el dato de la ciudad donde fue encontrado. Las omisiones que existieron en su momento pues son inauditas, reprobables, vergonzosas, insultantes, ofensivas y póngale usted el adjetivo que quiera. Y todas son cifras que entregó la misma Fiscalía a una solicitud de información pública.

AL TIRO

De los 889 cuerpos no identificados de 2006 a la fecha, 493 fueron encontrados en Torreón.

Un cuerpo no identificado es enviado normalmente a la fosa común, salvo las excepciones de cuerpos que fueron donados a las facultades de Medicina. Y en teoría tendría que existir ese registro. Sin embargo, se le hizo una solicitud de información a la dirección municipal de Panteones de Torreón para que informaran cuántas fosas comunes tienen y cuántos cuerpos no identificados han sido inhumados. La respuesta, otra vez, refleja la falta de procedimientos, trabajo coordinado (ese del que tanto presumen las autoridades) y sistematización: 172 cuerpos en el panteón municipal 2 y 208 en el 1, es decir, 380 desde 2005. La cifra de inhumados en fosas comunes de Torreón tiene 113 menos que la cifra de no identificados reportada por la Fiscalía.

¿Dónde están los muertos? Es decir, ya no es solo preguntar ¿dónde están los desaparecidos? Sino también dónde están los muertos no identificados. Por cierto, el Plan Estatal de Exhumaciones, creado para desenterrar los cadáveres no identificados, está cerca de cumplir el año desde el último trabajo.

Es pues, un año más en que las familias alzarán la voz para reclamar que sus hijos no han vuelto a casa, que las autoridades no hacen nada por encontrarlos; un año más de insultos y omisiones, de vejaciones y obstáculos, de mentiras y oprobio. ¿Hasta cuándo?