Un histórico entrenador de futbol americano tenía como estrategia que mientras una jugada no dejara de funcionar, había que repetirla y repetirla y repetirla. 

Por ahí desfila, al parecer, el plan de campaña presidencial de Andrés Manuel López Obrador. 

Va por su tercera contienda y empieza a repetir el método de las 2 primeras: conforme se acerca la fecha electoral, se suaviza. 

Desactiva el “modo radical”, se olvida de insultos y descalificaciones, no pasan por su cabeza bloqueos ni tomas; por el contrario, da un giro de 180 grados y se presenta al público como un líder sereno, conciliador, que suma, aglutina, tolerante. 

El truco le ha funcionado en dos campañas presidenciales consecutivas y ya está encarrerado con la tercera. 

Desde que tiene bancada en la Cámara de Diputados, Morena, el partido del que López Obrador es dueño, ha radiografiado su manera de actuar: una oposición férrea pero sin romper ventanas. A todo lo que viene del gobierno y los demás partidos se opone, pero sin los desmanes de siempre. Dan el debate en tribuna y tratan de posicionarse como un movimiento que rechaza lo que venga del Gobierno y los partidos de siempre. 

López Obrador, que un mitin tras otro caricaturizaba hasta el insulto al presidente Peña Nieto, ahora hasta pide cita en Los Pinos para hacerle llegar, por mano de sus asesores, planes para hacer el nuevo aeropuerto en un lugar distinto (un serial de artículos de Héctor De Mauleón sobre el tema es lectura obligada). 

Sus spots –el único candidato presidencial que no ha dejado de anunciarse en televisión y radio, desequilibrio en la campaña que si no fuera cometido por el propio López Obrador… sería denunciado por él mismo como causal de anulación de los comicios– son los de un líder político que se presenta candoroso y victimizado, que le recuerda a su pueblo “te lo dije”. 

Las acciones de los políticos de Morena y las de su caudillo apuntan claramente en la misma dirección: quieren dar una imagen que resulte atractiva para un sector más grande del electorado. Sobre todo, por el enorme descontento ciudadano que existe hacia la clase política tradicional, de la que –a pesar de haber pertenecido a ella tres décadas en cargos directivos pagados con el presupuesto público– López Obrador busca distanciarse. 

¿Cuál es la cara real de López Obrador? Eso lo sabe mejor usted. 

SACIAMORBOS

El flamante subsecretario encargado de esos asuntos contactó al Vaticano para pasar elegantemente un reclamo: ¿por qué estaba empecinado el Papa Francisco en visitar Chiapas, que hasta organizó una visita de su coordinador de giras para tantear el terreno? Argumentó que al Gobierno Federal no le gustaba ese destino, por problemático. No quedó claro si lo hizo por encargo o a título personal, pero al parecer la respuesta de la Iglesia lo dejó noqueado: el Papa no imagina pisar México sin rendir honores a Fray Bartolomé de las Casas y Samuel Ruiz.