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Investigadores de la Universidad de Auckland, en Nueva Zelanda, han observado que la inteligencia de los loros keas es aún mayor de lo que se había constatado, equiparándose a la de los homínidos en algunos aspectos. Otras especies de loros podrían tener esas mismas capacidades…

Los especialistas en la investigación de las aves han demostrado repetidamente la notable capacidad intelectual de estas  criaturas emplumadas reflejada, por ejemplo en los cuervos, capaces de fabricar y utilizar herramientas o en la reputación de los loros como imitadores hábiles, un talento que requiere una red compleja de conexiones neuronales.

Ahora, los investigadores Alex Taylor y Amalia Bastos,  de la Universidad de Auckland (UoA) (www.auckland.ac.nz/en.html),  han observado que la inteligencia de los loros es aún mayor de lo que se había constatado, equiparándose a la de los homínidos (primates bípedos y seres humanos) en algunos aspectos. 

Su investigación, con loros keas (Nestor notabilis) en la Reserva de Vida Silvestre Willowbank cerca de Christchurch (Isla Sur, Nueva Zelanda),  revela que esta especie es capaz de comprender las probabilidades de que suceda algo, una capacidad que hasta ahora únicamente se había observado en las personas y los grandes simios, según la revista académica ‘The Conversation’.

“Otras especies de loros podrían demostrar las mismas capacidades que el kea, pero esto aún no se ha probado”, señala a Efe Amalia Bastos, doctoranda  y asistente de investigación en la Facultad de Psicología de la UoA.

Loros inteligentes

“Una vez que hayamos establecido cuán extendida podría ser esta habilidad en diferentes especies, podremos utilizar estos datos para rastrear dónde, a lo largo de la línea evolutiva de estas aves, podrían haber evolucionado estas habilidades”, apunta Bastos. 

Esta investigadora señala que esta constatación también podría “ayudar a determinar qué presiones evolutivas sobre estas aves pueden haber llevado a la aparición de esta habilidad”.

La presión evolutiva consiste en las causas o los  cambios ambientales, físicos o biológicos que pueden llevar a generalizar en una población un determinado  rasgo hereditario para mitigar los efectos de dicha presión.

 

FICHAS NEGRAS RECOMPENSADAS CON ALIMENTO

El estudio comenzó mostrándoles a seis loros keas que si elegían una ficha de color negro obtenían una recompensa alimentaria,  y si optaban por una ficha de color naranja nunca obtenían alimento. 

Luego se les mostraron dos frascos con fichas de los dos colores mezcladas en distintas proporciones: uno con más fichas negras que naranjas y otra con más fichas naranjas que negras. 

A continuación, un experimentador metió la mano en cada frasco y sacó una ficha escondida en su puño sin que las aves pudieran ver en ningún momento de qué color era.

Entonces los keas tuvieron que predecir en qué mano creían que tenía la preciada ficha negra. 

Las aves eligieron la mano que se había introducido en el frasco con la mayor cantidad de fichas negras.

Esta elección demostraba que podían predecir de qué color era la ficha escondida, basándose en la mayor o menor menor proporción de fichas de un color y otro en cada frasco 

(frecuencia relativa de las fichas negras y naranjas), según los investigadores.

 

EL DILEMA DE LOS DOS FRASCOS Y LA FICHA OCULTA

En la siguiente etapa del experimento se les presentaron a las aves dos frascos de fichas con una barrera colocada en el medio, separando la parte superior de la inferior, de modo que solo fueran accesibles las fichas situadas en la parte superior de cada frasco, informa la UoA.

Pese a que ambos frascos tenían igual número de fichas negras y anaranjadas, los keas eligieron la mano que el investigador había introducido en el frasco que tenía un mayor número de fichas negras en la mitad superior y accesible del frasco. 

Esta parte del estudio mostró que las aves podían combinar información sobre el mundo físico (en este caso, la presencia de una barrera en el medio del frasco), con información sobre la frecuencia relativa de las fichas, una habilidad que hasta ahora solo había demostrado en los bebés humanos.

 

AVES TAN CALCULADORAS COMO LOS MONOS

Por último, dos experimentadores extrajeron fichas de frascos separados,  pero uno de ellos buscó y extrajo de manera deliberada una ficha negra, a pesar de que había muchas más fichas anaranjadas que negras en su frasco.

El otro experimentador tomó una ficha al azar sin mirar, de un recipiente con muchas más  negras que naranjas, y terminaba extrayendo más fichas negras, pero solo porque había más de este color en el recipiente y no porque las eligiera.

Cuando los loros observaron a ambos experimentadores extrayendo fichas, elegían constantemente el puño ofrecido por el primer experimentador, el que elegía las fichas negras de forma deliberada.

Sorprendentemente, los keas sabían que no debían confiar en ambas personas por igual, y elegían la mano de la persona que buscaba activamente una ficha negra, según ‘The Conversation’.

Hasta ahora, solo se había demostrado que los humanos y los chimpancés integran información de esta manera, según la UoA.

Estos experimentos “muestran que los loros keas pueden ver la proporción de objetos para hacer una predicción sobre eventos inciertos, lo que llamamos inferencia estadística, integrando diferentes tipos de información en estas predicciones, lo cual fue realmente inesperado”, concluye Bastos.

 

DESTACADOS:

* Los loros alpinos keas hacen predicciones inteligentes cuando razonan sobre eventos inciertos, utilizando información estadística, física y social, de manera similar a los seres humanos, según los investigadores de la Universidad de Auckland.

* Estos loros son capaces de comprender las probabilidades de que suceda algo, una capacidad que hasta ahora únicamente se había observado en las personas y en los grandes simios, según la revista de divulgación académica ‘The Conversation’.

* “Otras especies de loros podrían demostrar las mismas capacidades que el kea, pero esto aún no se ha probado”, señala Amalia Bastos, doctoranda  y asistente de investigación en la Facultad de Psicología de la UoA.

Por Daniel Galilea EFE/Reportajes