Especial

En abril de 1968 se estrenó en el circuito alterno de teatros de Broadway una pieza teatral que desde antes de su montaje había sufrido de críticas y advertencias para su novel autor, Mart Crowley.

Lo que sucedía es que “Los Chicos de la Banda” era la primera apuesta comercial para una obra de teatro de temática gay, en un contexto previo a los disturbios de Stonewall en el mismo Nueva York donde la homosexualidad era vista como enfermedad, por un lado, y como delito por otro, por lo que conocidos suyos de la élite del poder advirtieron a Crowley de lo riesgoso que era hacer una presentación como autor con un texto como ese, donde de alguna manera exponía no solo su propia experiencia como homosexual sino a los siete actores que interpretarían al grupo de personajes que protagonizaban esta historia, aunque algunos fueran heterosexuales, por participar en un proyecto donde la mayoría de los personajes pertenecían a la comunidad LGBT.

Contrario a lo que pudiera pensarse, “Los Chicos de la Banda” se convirtió en un fenómeno tal en los escenarios teatrales, que no tardó más de un año en llevarse al cine bajo la dirección de otro novel creador como el cineasta William Friedkin, experiencia que no le vino nada mal tampoco a él puesto que se ligó de inmediato dos de sus películas más conocidas: “Contacto en Francia”, que le dio a ganar su primer y único Oscar al Mejor Director de 1971, y posteriormente “El Exorcista”, que le dio una segunda nominación a la Mejor Dirección de 1973, al tiempo que la obra traspasaba fronteras y una no menos aguerrida y comprometida dramaturga como la coahuilense Nancy Cárdenas montó “Los Chicos de la Banda” en el Teatro de los Insurgentes en la Ciudad de México en 1974.

El elenco que incluyó a primeros actores como los aun hoy en día activos Sergio Corona y Sergio Klainer, además de los desaparecidos Sergio Bustamante, Sergio Jiménez, Carlos Cámara y Claudio Baez (entonces Juan Claudio Bais), entre otros que alternaron en las 200 exitosas representaciones, probaron de las mieles de un éxito que en un principio los obligó prácticamente a mudarse al Teatro Insurgentes por recibir la prohibición de presentarse en un primer escenario acompañadas incluso de amenazas de muerte en contra de su directora, Nancy Cárdenas, dentro de un contexto de homofobia todavía más agudo del que hoy en día vive la comunidad LGBTTIQ a pesar de todos los avances en cuanto a derechos humanos y libertades que ha ido cosechando con el paso de los años en varios países del mundo.

Es por ello que el hecho de que desde el pasado miércoles 30 se encuentre disponible a nivel mundial a través de Netflix la versión cinematográfica más reciente de esta sobre la fiesta de cumpleaños de un homosexual que se ve trastocada por la presencia de un invitado heterosexual “de último minuto” en el Nueva York de 1968 que “Los Chicos de la Banda”, dirigida por Joe Mantello y producida por Ryan Murphy (“Ratched”) y con un elenco en su totalidad homosexual encabezado por Jim Parsons (“The Big Bang Theory”); Matt Bomer (“Un Corazón Normal”) y otros más, si bien respeta la esencia del texto original de Mart Crowley al que estuvo muy cercano su autor hasta poco antes de su muerte el pasado mes de marzo, tiene agregados muy plausibles, entre ellos, adaptar a uno de sus personajes uno latino.

“Los Chicos de la Banda”, por tanto, originada mezclando el drama y la comedia, es un “dramedy” cuyo microcosmos representa con fidelidad a una comunidad que, como todas, merece respeto y visibilidad.

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galindo.alfredo@gmail.com; Twitter: @AlfredoGalindo

Alfredo Galindo

Columna: Cinelectronico

Productor, Director y Guinista de cine.

Columnista del periódico Vanguardia desde 1995, escribe sobre música, cine y televisión. Combina la pasión de escribir con la creación cinematográfica.