En 1995, el Dr. F. Sherwood Rowland compartió el premio Nobel de Química con Mario Molina y Paul Crutzen, por demostrar que los clorofluorocarburos (CFC) causan agujeros en la capa de ozono. El daño a la capa de ozono es ahora mucho menor gracias a la prohibición internacional de los CFC.

Una frase atribuida al Dr. Sherwood es hoy igual de latente: “¿de qué sirve haber desarrollado una ciencia lo suficientemente bien para hacer predicciones si, al final, todo lo que estamos dispuestos a hacer es quedarnos ahí parados y esperar a que se vuelvan realidad?”.

En su último reporte, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, que proporciona información científica rigurosa a los gobernantes sobre los impactos y futuros riesgos del cambio climático, señaló enfáticamente que si no se adoptan medidas más estrictas para mitigar el calentamiento global, las consecuencias para la humanidad a finales de este siglo (entre 2080 y 2100) serán desastrosas.

Sin una reducción sustancial y sostenida de emisiones de carbono a nivel global, los efectos del cambio climático ocasionarán impactos severos, generalizados e irreversibles a las personas y a los ecosistemas del planeta. Paradójicamente, los efectos más graves serán resentidos por quienes menos han contribuido al cambio climático: las generaciones futuras.

Existe amplio consenso sobre el impacto que el cambio climático tendrá en la capacidad de las personas para disfrutar de sus derechos humanos y la mayor dificultad que los gobiernos tendrán para garantizarlos.

El aumento extremo de olas de calor, de lluvias intensas y desastres naturales representarán riesgos directos para la vida de las personas. La escasez severa de agua limpia representará un grave riesgo para la salud, aumentando por mucho el número de personas con enfermedades como malaria y dengue. La disminución drástica de cosechas agrícolas y la escasez severa de alimentos crearán inseguridad alimentaria y privarán a muchos de sus medios de subsistencia. Todo ello, a su vez, forzará a muchos a emigrar de sus lugares de origen.

A pesar de este peligroso panorama, hasta ahora las acciones de los distintos países del mundo están lejos de los objetivos mínimos para evitar los peores impactos del cambio climático. En muchos casos, la inacción de los Gobiernos se debe a que favorecen políticas públicas que generan beneficios más inmediatos, sobre todo de carácter económico, en lugar de dar prioridad a los intereses más remotos de personas que aún no han nacido y que implicarían mayores costos para el presente.

Una entre varias novedosas propuestas, para tomar en cuenta los intereses y necesidades de las generaciones futuras en las decisiones de Gobierno, es la creación de un comisionado para las generaciones futuras.

En 2013, la Secretaría General de la ONU recomendó establecer un “Alto Comisionado para las Generaciones Futuras”, con el objeto de promover el bienestar de las generaciones futuras y monitorear el impacto de las acciones de Gobiernos actuales hacia el futuro. La propuesta no prosperó por carecer de apoyo suficiente de los Estados miembros de la ONU.

En contraste, a nivel doméstico, la creación de órganos de representación de las generaciones futuras se ha concretado ya en algunos países. Estos órganos especializados se distinguen por tener independencia relevante del resto de los órganos de gobierno y de ser menos vulnerables a las presiones para favorecer intereses inmediatos.

Por ejemplo, la Comisión de Israel para las Generaciones Futuras, hoy desaparecida, tenía la facultad de solicitar información a cualquier entidad de Gobierno y de opinar sobre el impacto que cualquier ley pudiera tener para las generaciones futuras. Incluso podía solicitar la ampliación del plazo para discutir un proyecto de ley, evitando así una promulgación expedita.

En Hungría, el Comisionado Parlamentario para las Generaciones Futuras, ahora integrado a otro órgano, tenía la función de garantizar el derecho fundamental a un medio ambiente saludable. Para proteger los intereses de las generaciones futuras, podía recibir e investigar quejas, suspender actos administrativos, iniciar acciones legales e intervenir en otras de inconstitucionalidad relacionadas con el medio ambiente.

La Comisionada para las Generaciones Futuras de Gales es de creación más reciente. Actúa como guardián de las generaciones futuras, asesorando a los órganos públicos sobre el impacto a largo plazo de sus decisiones y revisando que cumplan con ciertos “objetivos de bienestar” derivados del principio de desarrollo sostenible.

Propuestas como las anteriores podrán no ser fáciles de asimilar en un contexto donde las instituciones políticas, jurídicas y sociales están pensadas y diseñadas para responder a necesidades presentes. Sin embargo, ante la magnitud del reto que el cambio climático representa para el futuro de la humanidad, la inacción de nuestras instituciones de gobierno exige, sin lugar a duda, innovación. Es tiempo de abordar estos temas con la seriedad que merecen, que los seres humanos merecemos.

El autor es investigador del Centro de Derechos Civiles y Políticos de la Academia IDH

Este texto es parte del proyecto de Derechos Humanos de VANGUARDIA y la Academia IDHDerechos Humanos s. XXI