La presente opinión aborda algunos aspectos del fundamento o naturaleza de los Derechos Humanos. Empezamos con la tesis que explica su contenido como prerrogativas que derivan de un Derecho Natural, entendiendo por tal, principios eternos e inmutables.

Habría dos objeciones, una de forma y otra de fondo. En cuanto a la primera, pareciera que se trata de una contradicción en términos, pues el Derecho no tiene nada de natural, es un constructo social y cultural. Respecto de la segunda, las características en mención se antojan propias del mundo de la física, y aún en ese campo son relativas.

En ese mismo orden de ideas, siendo el Derecho un constructo social y cultural, es en esencia variable su contenido. Se trata de las normas que, en una época y contexto determinados, una comunidad decidió que deberían regir las relaciones y conductas entre sus miembros.

Una crítica más se centra en la amplitud o extensión de su contenido. En atención a su característica de progresividad, tienden a abarcar cada vez más, y en ese sentido al ser conceptualmente indeterminados puede ir en menoscabo de la seguridad y certeza jurídica.

Sumando a la lista de objeciones, hay quien pueda señalar que los Derechos Humanos constituyen la base moral y ética de un ordenamiento jurídico, es decir que son los parámetros morales que deben regir una sociedad. El problema es que el Estado no puede (ni nadie, sin el riesgo de incurrir en contradicciones) ir tan lejos e imponer una moral a sus ciudadanos.

Y si fuera el caso que sí pudiera imponer un contenido moral a una sociedad, ¿cuál sería la moral apropiada? Lo que para unas personas es moralmente aceptable, no lo es para las demás. Ejemplos sobran: aborto, eutanasia, relaciones incestuosas, etc.

Pasando al terreno de su operación e implementación, se les pudiera percibir como limites u obstáculos en la actuación de las autoridades (cuando en realidad cumplen la función de guiar su actuación); para los ciudadanos que han sido violentados y dañados en su esfera personal de intereses, quizás no deberían aplicarse a quien ha delinquido.

Finalmente hay quien pudiera opinar que la cultura de los Derechos Humanos es una “moda”, una corriente de pensamiento que tendrá vigencia hasta que se imponga una nueva perspectiva, como sucede con las prendas de vestir.

Mi postura, haciendo eco del fundamento racional que señala Immanuel Kant, es que la mejor forma de abordar el tema de los Derechos Humanos no es a través de contextos históricos o filosóficos, sino por medio del sentido común, pues invariablemente nos conduce al respeto de la dignidad de las personas.

Creo que en ello radica su riqueza, pues permite descubrir las normas más elementales de convivencia en una sociedad; de manera que asimilarlos y respetarlos se encuentra al alcance de todos, ciudadanos y autoridades, que tengan la intención y voluntad de respeto a sus semejantes.

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El autor es Director de Asuntos Jurídicos y Normatividad de la CEAV-Coahuila

Este texto es parte del proyecto de Derechos Humanos de VANGUARDIA y la Academia IDH