Poner una etiqueta en un candidato puede ser una herramienta aparentemente irresistible para algunos en el campo

Si los científicos del comportamiento humano lo lograran diagnosticar, hace mucho hubiéramos comprobado lo que es a todas luces evidente: Que el tipo es “paranoico” y “lunático”. Un “narcisista” que raya en lo maligno y que sufre “delirios de grandeza”, falta de empatía y al cual le molesta todo lo que no puede controlar.

Que es “irascible”, altamente “inestable” y que estalla con facilidad cuando alguien publica o da like a una publicación en su contra ya sea en un periódico, Twitter o Facebook. Que su intolerancia le provoca episodios constantes de “ira” y que tiene una alta tendencia a la violencia. Vamos, que es de esas personas de las que decimos que hasta lo que no come le hace daño.

Eso es lo que dice un grupo de 2 mil terapeutas y profesionales de la salud mental que en el sitio web www.citizentherapists.com, han lanzado un manifiesto en contra de Donald Trump de quien dicen: “Como psicoterapeutas, estamos alarmados por la ideología de Trump, la cual vemos como una amenaza para el bienestar de las personas y para la democracia estadounidense en sí. No podemos permanecer en silencio mientras asistimos al surgimiento de una forma americana del fascismo”.

Dicen que Trump se caracteriza por ver a los inmigrantes y  minorías religiosas como una amenaza. Que hace un llamado al miedo y a la ira; que promete resolver nuestros problemas solo si confiamos en él y que reinventa la historia y tiene poco interés por la verdad. Alguien que nunca se disculpa o admite errores de importancia, desprecia las instituciones públicas como sucede con los tribunales cuando no están subordinados a sus deseos y que incita a la violencia.

Pero hay otros especialistas que aseguran que estos pronunciamientos son inapropiados y que se trata de algo irresponsable, estigmatizante, y poco ético. 
Afirman que estos psiquiatras y psicólogos, han burlado la Regla Goldwater de acuerdo con la Asociación Americana de Psiquiatría (APA), prohíbe a sus miembros dar opiniones profesionales sobre figuras públicas que no hayan entrevistado en persona.

El tema se remite a la campaña presidencial de 1964 cuando un grupo de psiquiatras afirmaron que el candidato republicano Barry Goldwater no era psicológicamente apto para ser presidente, describiéndolo como “desequilibrado”, “inmaduro”, “paranoico”, “psicótico” y “esquizofrénico”. Goldwater perdió las elecciones.

Luego de eso, la (APA) acordó que diagnosticar a alguien a quien jamás se ha conocido en persona, es inaceptable tanto ética como científicamente. En eso coincide el doctor Paul Appelbaum, profesor de psiquiatría, medicina y derecho en la Universidad de Columbia, quien desaprueba lo realizado por sus colegas.

Dice que poner una etiqueta en un candidato, puede ser una “herramienta aparentemente irresistible para algunos en el campo”. En contraparte, el Dr. William J. Doherty, profesor de la Universidad de Minnesota, y uno de los promotores de la iniciativa Anti-Trump, dijo que quienes firmaron el manifiesto, no diagnosticaron sus rasgos personales, sino su imagen y el comportamiento público que ha tenido con sus hijos, su esposa, sus amigos, socios y un largo etcétera.

Estamos pues ante el dilema ético, pues aún y con el riesgo de cometer errores de diagnóstico, quizás la ciencia del comportamiento nos pudo haber librado o por lo menos avisado —como sucede ahora con Trump— de gobernantes que no hubieran pasado la prueba del ácido. Personas que en su momento se sintieron dioses, seres eternos que gobernarían por siempre y que al final, terminaron cometiendo grandes atrocidades.

Ahí están los casos de Calígula, Nerón, Atila, Iván el Terrible, Pedro el Grande, Hitler, Stalin, Franco, Videla, Pinochet, Ceausescu, Idi Amin, Pol Pot, Mussolini, Sadam Hussein, Gadafi, Trujillo, Leopoldo de Bélgica y tantos otros que aún andan por ahí, haciendo daño con sus locuras.

Es por eso, que los científicos del comportamiento humano promotores de la iniciativa Anti-Trump, aseguran que lo que buscan, es persuadir a su nación para que no sufra de un terrible destino. Hillary Clinton no lo pudo describir mejor: “Un hombre que puedes provocar con un tuit, es un hombre al que no les deben confiar armas nucleares”

@marcosduran