En memoria de don Adrián Rodríguez el economista Non.

Gorvachov solía bromear diciendo que Mitterrand tenía 100 amantes y una de ellas tenía VIH pero no sabía cuál era, que Reagan tenía 100 agentes secretos y que uno era terrorista, pero no sabía cuál era, y que él tenía 100 economistas y que uno era inteligente, pero no sabía cuál era.

Adam Smith, ensimismado en sus pensamientos, no se daba cuenta que salía a caminar por la calle en bata de dormir. Otro gran economista, Keynes, en una subasta adquirió un baúl con escritos inéditos de Isaac Newton, en los que se descubrió que el autor de la teoría de la gravedad practicaba la magia.

Se dice que cuando dos economistas se ponen a discutir, surgen tres opiniones.

En México dos economistas han sido Presidentes de la República; Carlos Salinas y Ernesto Zedillo, y en Coahuila tuvimos tres Gobernadores; Eliseo Mendoza, Rogelio Montemayor y Enrique Martínez, los tres de forma consecutiva.

Luis Donaldo Colosio se graduó como economista del Tecnológico de Monterrey -fue becario- habiendo sido amigo de Melchor de los Santos y de David Quijano. De esa Institución se recibió Herminio Blanco, compañero de generación, y quien llevó a cabo la parte técnica de la negociación del TLCAN. Ambos tuvimos como maestro a Román de la Fuente de la Cruz, quien fue mi asesor de tesis, primo hermano de don René Molina de la Cruz, fundador del emblemático “Café Viena”.

Otro maestro que recuerdo fue Herman Von Bertrab, quien además de economista era jesuita; poseedor de una vasta cultura, hablaba varios idiomas y tenía facilidad para las relaciones sociales, algo pasó en el 68 y junto con otros miembros de esa orden salió del Tecnológico. Pasado un tiempo dejó el ministerio religioso, y cuando la negociación del TLCAN, Herminio lo colocó en la embajada de México en Washington para colaborar en las negociaciones. Von Bertrab fue también maestro de mis compañeros de generación

Eloy Dewey y Luis Antonio Valdés.

Robert Lucas, ganador del Nobel de economía en 1995, debió compartir la mitad de ese galardón -alrededor de medio millón de dólares- con su esposa, ya que la mujer, bastante visionaria, incluyó una cláusula en el convenio de divorcio, años antes de que su entonces esposo lograra esa distinción, la cual estipulaba que ella recibiría la mitad del dinero del premio al momento de la separación.

Al cerrar el desfile militar aparecieron varios individuos con traje gris arrugado, llevando un portafolio, un dirigente en el balcón pregunta quienes eran esos individuos, y otro le responde que son los economistas, lo más letal en armas de destrucción masiva.

Consuelo Mayer, la directora fundadora de la hoy Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Nuevo León, fue una dama sumamente estricta, y sucedió que una fría noche de invierno, al faltar unos minutos para la hora del cierre, y ante la ausencia de usuarios, el empleado de la biblioteca cerró la puerta y se fue a su casa. Para su mala fortuna, la señora al realizar un recorrido por las instalaciones reparó en dicha situación, por lo que al día siguiente el responsable fue duramente amonestado. Esta anécdota la solía narrar Armando Cortés, un excelente maestro de teoría

económica, amigo y colega.

Pregunta: ¿Por qué las mejores bandas de rock, los mejores espías y los mejores economistas han sido británicos?