Estoy seguro de que fue en el verano de 1967, y lo sé de cierto porque en esa época fue cuando contraje paperas y mis padres me enviaron con los abuelos, Jesús Gómez “El Mataor” y Lupe Ramos, a su casa enclavada a trastienda de abarrotes “El Batán”, en la esquina de Bravo y Aldama de mi natal Saltillo.

La temporada era también de lluvias por la tarde, y la diversión consistía en esperar pacientemente la fabricación de barcos de papel que mi abuelo me confeccionaba con papel estraza, y pronto salir a la cuneta de la calle debajo de Bravo, que para mí era un verdadero río, y seguir al pequeño barco, pero únicamente al límite marcado por mi abuela y que era precisamente la casa de doña Chalita Villarreal, frente a la antigua logia masónica.

El Saltillo de los años sesenta a setenta del pasado siglo aún respetaba no solo los límites de la ciudad, sino sus veneros y arroyos.

La Tórtola, el del Pueblo, Los Ojitos, Navarreña, Ceballos, La Escondida y otros más, que sumaban 16, eran las vías de desfogue de las aguas pluviales que tierras abajo se enlazaban con el de los Cárdenas y otros más para ir a perderse hasta una represa en Palo Blanco.

No se hablaba de inundaciones ni de riesgos, sólo que construyeras muy cerca de sus límites.

Los problemas iniciaron cuando a los supersabios del municipio se les ocurrió que no sólo los arroyos podrían canalizarse, sino cambiarles de curso según dijeran los ingenieros.

La tórtola fue enterrada desde las calles del Centro hasta llegar a Rancho de Peña y el sistema de alcantarillado mezcló las aguas de drenaje con las pluviales, de ahí las fuentes de aguas negras cada vez que llovía.

Cuando años después, en 1986, laboraba en jurídicos del IMSS por la calle de Abasolo y Pedro Agüero, me percaté del grave error cometido por los constructores del canal del arroyo, ya que las aguas bajaban por esa calle y en lugar de ir directo y pasar al frente de las oficinas se desviaban por Corona, bajaban Armillita y retomaban Abasolo bajando Presidente Cárdenas, que fue el cauce original. ¡Haya cosa!

Los graves problemas del drenaje pluvial fueron aderezados por administraciones como las de Carlos de la Peña, Malalo Gutiérrez, Miguel Arizpe, Humberto “N” y Jericó “N” quienes autorizaron fraccionamientos sobre los arroyos, como en el caso de Portal de Aragón o a las orillas de estos, como en Los Pinos y las colonias del grupo árabe que circundó Saltillo.

La próxima pesadilla tendrá que ver con el agua, pero será por su inminente escasez, ya que según datos del CEAS la recarga anual de agua subterránea de la ciudad es de 1921.7 hectómetros cúbicos (hm3) y la extracción de 1652.06, es decir, del 86 por ciento, lo que dejará secos los veneros en breve si no se toman las providencias necesarias, principalmente por parte de las autoridades municipales.

En su último estudio de disponibilidad de agua en Saltillo, la Conagua menciona que de 853 aprovechamientos de agua subterránea que había en la ciudad en 2007 (803 pozos, 43 norias y 7 manantiales) en 2020 solamente quedan 549, y que el riesgo mayor es en el uso, ya que el 73 por ciento de extracción se usa para agua potable doméstica, 8.9 por ciento para agricultura y 14.66 para uso industrial.

Al no existir fuentes de captación de aguas pluviales, éstas se desaprovechan y por ende se depende de aguas del subsuelo.

El actual alcalde de la ciudad, primer príncipe Manolito, ha preferido construir obras de relumbrón a infraestructura hidrológica y abonar espacios para el crecimiento de sus mieses familiares a través del mercado inmobiliario y de la construcción, enterrando más arroyos y veneros.

Sería interesante conocer las propuestas de los candidatos a la alcaldía en este caso particular, sin embargo, hasta donde se ve al candidato “serio” le interesa más el rescate de los empresarios: “el sector empresarial, así como de servicios ha sido muy solidario durante la pandemia, por lo que es necesario no sólo voltearlo a ver, sino apoyarlo de manera seria y real por medio de créditos e incentivos para su eficaz y pronta reactivación en beneficio de todos los saltillenses”(Diario Metrópoli).

La condena podría ser fatal si en breve no se presta atención a esta situación apremiante de la sed de esta tierra, fuera de la politiquería de banqueta y del espectáculo del voto. Quien vaya a tomar las riendas de la ciudad deberá de inmediato dar cauce a este tema prioritario, recordad que el futuro no es desechable.