El término de “falso positivo” tiene varias aplicaciones, pero en Colombia se refiere a las ejecuciones extrajudiciales del gobierno contra civiles inocentes ajenos a la guerrilla durante la presidencia de Álvaro Uribe Vélez, que viene a ser para México un caso similar al de Felipe Calderón en cuyo sexenio también murieron muchos inocentes etiquetados como “daños colaterales”, eufemismo siniestro con el que se trató de matizar los crímenes de lesa humanidad.

En esta columna ya hemos comentado de la obsesión de Calderón por imitar al carismático colombiano Álvaro Uribe, un empresario, político y estadista de derecha, estudiante brillante con postgrados en Harvard y Oxford, nada que ver con Felipe Calderón (FeCal) que no pasó el examen de admisión a la UNAM.

La evidencia está ahí para mirarla: Álvaro Uribe sigue siendo el político más influyente de Colombia, después de haber fundado otro partido y haberse reelecto como presidente, después de pacificar a ese violento país, bajar los homicidios y los secuestros, por acorralar al narcotráfico y después de haber acabado con la guerrilla, un historial que en nada se compara al de FeCal, que en México dejó cifras espeluznantes de violencia, sangre y muerte, situación que prevalece por su guerra fallida.

Y es que la obsesión de FeCal por imitar a Uribe se dejó ver desde que el beodo mexicano, tras imponerse en las urnas en elección fraudulenta y antes de asumir el poder en el 2006, corrió a Colombia a entrevistarse con el presidente Uribe para copiar su estrategia bélica de “seguridad democrática” e imitarlo en todo, pese a la cirrosis de su enferma personalidad y a la sobredosis del “haiga sido como haiga sido”.

Álvaro Uribe nunca se disfrazó de militar, pero fue implacable aplicando la ley más temida del narco en Colombia, la extradición. Asimismo aplastó al Frente Armado Revolucionario de Colombia (FARC), la guerrilla que asesinó a su padre. Llevó la paz y la prosperidad después de muchos años de convulsa inestabilidad, lo que dio pie al cesarismo democrático de Uribe que fundó otro partido y se reeligió. Actualmente cumple prisión domiciliaria acusado de crímenes de guerra que un tribunal de paz estima en 6 mil 402 asesinatos. Sin embargo se le reconoce como el político más destacado de Colombia donde el “uribismo” impuso a Iván Duque, actual presidente de ese país.

Felipe Calderón representa todo lo contrario. De origen espurio recurrió al uniforme militar para intimidar a sus detractores. Desató la guerra y nunca logró la paz. Convirtió a México en un baño de sangre que persiste hasta la fecha. Superó a Uribe en falsos positivos por los asesinatos del cártel de Sinaloa que, bajo su protección, actuó como una fuerza paramilitar. Fracasó en su patético cesarismo con la creación de un nuevo partido y la fallida pretensión presidencial de Margarita Zavala. No goza de la aceptación de Uribe. Es más odiado que respetado en este País. Puede ser extraditado por su protección al Chapo Guzmán.

Y cierto es que Álvaro Uribe es una mierda de la derecha política. FeCal también, el acrónimo de su nombre lo dice. Pero recuerde usted que incluso en la caca hay niveles. Según la escala de las heces de Bristol, existe el excremento normal y las heces fecales diarreicas. No se diga más. Así de escatológica es nuestra política.