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Los falsos rusos en el imaginario colectivo son las acciones o productos a los que hemos puesto el apelativo de 'ruso', como si tuvieran su origen en aquella nación

CIUDAD DE MÉXICO. Si un ruso supiera que en nuestro imaginario colectivo es un güero rubicundo, de mofletes y narices enrojecidas por el frío y el vodka, con abrigo rojo, botas negras y shapka, que alza vigorosamente los pies mientras cual cosaco baila kasachok, tal vez nos regalaría una retahíla de insultos que no tomaríamos a mal, simplemente porque no entendemos ni una palabra de su idioma.

Sin embargo, más allá de los clichés encontramos una serie de acciones y productos a los que hemos puesto el apelativo de “ruso”, como tuvieran su origen en aquella nación.

Ante inquietantes cuestiones como: ¿la ensalada rusa… es de Rusa?, ¿los rusos se suben muy seguido a la montaña rusa? o ¿qué tan rusa es ‘la rusa’?, nos decidimos a desvelar las incógnitas y esto fue lo que salió.

La montaña rusa

A pesar de su nombre, este juego mecánico no se inventó en Rusia, no en los EE. UU. La llaman así porque está inspirada en un juego infantil ruso del siglo XIX que consistía en descender en trineo por empinadas colinas de hielo. Curiosamente, en Rusia la llaman Amyerikánskiye Gorki, es decir, ‘montaña americana’, aunque la culpa la tuvieron los franceses, quienes fueron los primeros en ponerle el apelativo de rusa. Se trata de un pequeño revoltijo de nacionalidades, pero, ¿qué le vamos a hacer? Lo único que sacamos en claro es que la montaña rusa poco tiene que recuerde a este país.

La ruleta rusa

En estgee peligroso juego de azar se carga un revólver con una bala, se le da vuelta al cilindro, se pone el arma en la sien y se dispara. Si tocó donde no había bala, bien, si no…

Aquí ocurre algo similar a la montaña rusa: se dice que tiene su origen en un relato del escritor suizo estadounidense George Surdez, llamado precisamente «Russian Roulette», publicado en 1937 en Collier’s Magazine. Surdez cuenta una historia de guerra donde hace mención de unos oficiales rusos que practican este juego de la muerte. Sólo eso bastó para que se les endilgara a los rusos su creación. Más adelante se «popularizó» gracias a la película e Deer Hunter —El francotirador— (1978), de Mi ael Cimino, donde Christopher Walken y otros juegan a la ruleta rusa durante la guerra de Vietnam.

La verdad es que los miltares rusos sí jugaban a la ruleta rusa o «ruleta de húsar». Testimonio de ello es el relato «El fatalista», de la novela Un héroe de nuestro tiempo (1840), de Mijaíl Lermontov. Lo que no sabemos en realidad es si los rusos inventaron este peligroso juego. ¡Ah, por cierto! En Rusia le dicen «ruleta americana» —así, como a la montaña—, pero al juego con las fichas y numeritos.

 

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