Autor. “Hubo un genocidio que acabó con las cuatro grandes tribus del noreste y más de mil pequeñas sociedades diferentes”, acotó Valdés. Foto: Vanguardia/Archivo
En su libro ‘Los Bárbaros, el Rey y la Iglesia’, el historiador coahuilense presenta una perspectiva en donde los indios ‘son los sujetos de la historia. No los españoles, ni los virreyes, ni los gobernantes, ni los ricos’

“Los Bárbaros, el Rey y la Iglesia”, del colaborador de VANGUARDIA Carlos Manuel Valdés, es un libro que arroja nueva información a una perspectiva poco explorada por los historiadores sobre la colonización de la Nueva España: El punto de vista de los indígenas que habitaron estos territorios.

En entrevista, su autor nos explicó que, luego de 10 años de trabajar el tema desde muy distintos puntos de vista, este texto presenta el resultado de todas esas investigaciones pasadas, en las que se adentró en la antropología de las tribus, su cosmogonía, la esclavitud y las misiones y misioneros de esa época.

“Esta investigación cambió la perspectiva, esa es la diferencia enorme que hay con otros trabajos míos y por supuesto los de otras personas, en que se toma el punto de vista de los indígenas como el punto de vista fundamental, explicó, “ellos son los sujetos de la historia. No los españoles, ni los virreyes, ni los gobernantes, ni los ricos, etcétera, ellos mismos, los indios”.

El principal reto frente a esta línea de investigación fue el cómo conocer la perspectiva del indígena frente al Estado Español, pues el desprecio y la persecución de la que eran objeto no nos legó texto o documento alguno que aporte su opinión, cómo concebían ellos a este estado monárquico y su cultura.

Esta perspectiva, sin embargo, logró encontrarla a través de sus acciones, descritas principalmente por los colonizadores y los frailes misioneros, encargados adoctrinarlos.

“A veces cotidianos, a veces extraordinarios, las acciones de estos indígenas tienen su propia gramática, entonces hay que interpretarlas y pues basarse en ellas para poder opinar de manera diferente”, explicó el dr. Valdés.

Foto: Vanguardia/Archivo

El historiador puso de ejemplo la siguiente situación: “Hay una rebelión indígena en 1666, en la región de Coahuila. Atrapan a uno de los cabecillas y lo interrogan por medio de un traductor. Él no hablaba más que la lengua coahuilteca, le pregunta quiénes son los dirigentes, él dice que son 18 naciones y da los nombres de los dirigentes”.

Resultó que la mayor parte de las cabezas de estas tribus tenían nombres españoles —Don Dieguillo, Salvadorillo, El Tuerto, etcétcera—, lo cual indica que fueron bautizados, que pasaron por una misión y que, a pesar de ello, regresaron a sus tradiciones habituales y se voltearon contra España.

“Esa es la opinión de ellos, ya conocieron España desde adentro, desde una misión, fueron bautizados, pertenecen a la religión católica pero están en contra de la misma religión y del Estado Español”, comentó.

Explicó que los jesuitas debían escribir una vez al año a sus superiores en el vaticano, para contarles de sus éxitos y fracasos en las misiones novohispanas. Estos textos son de los que más interesantes datos arrojaron sobre el comportamiento y la opinión que los indígenas tenían de los españoles.

“Desde 1594, va uno siguiendo cómo los padres jesuitas ven a los indios y los indios no se adaptan a las exigencias ni a la forma de pensar de los jesuitas”, dijo Valdés y puso de ejemplo lo siguiente.

“Hubo una misión exitosísima, los jesuitas mandan una carta, muy contentos. Estamos felices, los indios son cristianos’, decían. Un año después, la carta siguiente dice: “Los indios nos abandonaron, se fueron todos a comer tunas, a hacer sus mitotes y hacer vino de tuna para emborracharse’”.

 

“Es decir, los jesuitas creyeron que ya tenían conquistados los indios, los tuvieron así por un tiempo. Y los indios no se sentían comprometidos con ellos, sino que se sentían comprometidos con sus viejas tradiciones. ¿Por qué armaron un mitote? Porque ahí se hacían las alianzas matrimoniales, entonces un mitote es necesario para hacer alianzas con los pueblos que podrían enemistarse”, explicó.

“Se están enfrentando dos racionalidades, una se basa en un Dios desconocido, que nunca fue aceptado por los indios, no podían aceptar ellos a un Dios crucificado, fracasado. En cambio, a la virgen maría sí la aceptan, pero en una concepción como de diosa. La madre de Jesús era un ser superior al que acudían de vez en cuando, pero nunca a Jesucristo. La religiosidad la adaptaron a si mismos y no a lo que querían los conquistadores”, comentó.

Por ello, arroja que los indígenas del noreste de México no fueron colonizados, sino oprimidos y eliminados. “Hubo un genocidio que acabó con las cuatro grandes tribus del noreste y más de mil pequeñas sociedades diferentes. Ahorita no hay ni una, ni siquiera una persona quedó, fueron exterminados”.

Y no sólo por los españoles, sino también por los mismos mexicanos después de la independencia.

Contó cómo, en 1871 un gobernador de Coahuila declaró como su principal objetivo para su mandato el acabar con los indios en la región, y esto lo contrastó con la diferencia de pensamiento que existía con los indios sobre las divisiones territoriales.

Ellos no pensaban en espacios políticamente sino en espacios de acuerdo a los recursos naturales durante la época de bonanza y la territorialidad de las diversas tribus durante las temporadas bajas, controlados por mecanismos como el mitote para no estar constantemente en conflicto”, explicó.

Concluyó comentando que, como todas las investigaciones, siempre quedan líneas abiertas para que otros historiadores continúen el camino a partir de allí. En el caso de su libro expresó que además de que hay que trabajar la historia sobre la relación entre los indios y la iglesia hay que hacer mucho más por la arqueología en el noreste. Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas ha sido muy poco trabajada arqueológicamente. Nada más en Nuevo León hay mil 800 sitios arqueológicos, en Coahuila hay 800, y ya tenemos con eso cerca de 3 mil sitios de los cuales han sido realmente analizados no más de 120”, finalizó.

Tómelo en cuenta
Para esta investigación el autor consultó:
> 26 archivos nacionales, extranjeros y regionales.
> Entre ellas el Archivo General de Indias, en Sevilla.
> Y el Archivo Vaticano, donde encontró las cartas de los jesuitas misioneros.

Las pruebas sobre cómo fueron exterminados los indios las halló en archivos de:
> Valladolid, Sevilla, Madrid, Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey, Saltillo y Texas.