“Venustiano Carranza, Biografía Para Niños”, del historiador Luis Felipe Barrón Córdova, recién salido a la luz por el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, viene a ofrecer oportunidades de lectura a un público escasamente atendido en el ámbito histórico: los niños y los jóvenes. ¡Qué acertada decisión! Tanto nos hace falta en nuestro País atender este público del cual la mercadotecnia dio cuenta hace rato.

Cuando las firmas comerciales se percataron del potencial económico que constituyen niños, adolescentes y jóvenes, de inmediato se fijaron planes para atraerlos, para insertarlos al mundo del consumismo en que ya estaban instalados los adultos.

Pero, en el ámbito histórico, este público no había sido atendido debidamente. En el caso de la literatura empezaron a notarse acercamientos importantes. Con la idea de que los niños disponen de menos tiempo para leer que las generaciones inmediatas anteriores, las editoriales se abocaron a sintetizar y dar a la luz obras clásicas de autores representativos, logrando en muchos casos aproximaciones interesantes.

En Saltillo existen varios trabajos que nos hablan de la preocupación de algunos escritores e historiadores, como es el caso de Iván Vartan Muñoz Cotera, donde retrata a los “Niños del Saltillo Antiguo”, y Javier Villarreal Lozano, con su “Abuelo, Cuéntame Cómo era Saltillo…”. Sin embargo, no abundan los ejemplos.

Una obra como esta, la biografía de Venustiano Carranza, llega en momentos importantes. Compite con la fascinación hacia la tecnología. Estamos frente a los niños y jóvenes que forman parte de la generación de la tecnología. Son los niños de las computadoras, celulares y tablets, se dice. Pero estudios recientes en Gran Bretaña avisan de cómo el papel ha vuelto a ganar terreno. Las publicaciones sustentadas en papel, como lo constituye este cuaderno tan bien editado, tan pulcramente escrito y de manera tan atrayente, contienen las virtudes necesarias para insertarse y competir con magnífico cartel en esta era.

Es Carranza, en sus primeros años, el entorno en que nació: la presencia de los indios nómadas que asolaban a la región, una cabecera municipal en la que vivían cerca de dos mil personas en el momento de su nacimiento, en ese 1859, y en la que sus habitantes se dedicaban al diario trabajo en el campo y se distraían en la plaza principal, en los billares, en las reuniones familiares y en sus visitas a las fascinantes pozas de agua.

Nos describe al joven Carranza “callado, austero, sobrio y reflexivo” que se muda con su familia a la capital del estado, para estudiar en el Ateneo Fuente y luego en la capital de la República, donde intentaría cursar la carrera de Medicina, ciudad de la que tiene que regresar a su tierra por un severo mal en la vista.

Viene la época en que Carranza contrae matrimonio con Virginia Salinas. Dedicado a las labores del campo cuando por primera vez se ve impelido a participar en la política local, a los 22 años. Tendría 27 al desempeñar su primer cargo político, presidente municipal de Cuatro Ciénegas.

Están en capítulos las etapas de la biografía del Varón de Cuatro Ciénegas como diputado y senador, gobernador, la Revolución maderista, las reformas a la Constitución local, el golpe de estado de Victoriano Huerta; el Ejército Constitucionalista y el Congreso Constituyente, la Presidencia, hasta su muerte.

Este libro favorece la comprensión del alcance de la obra de Carranza, la importancia de las acciones que definieron su actuación y la trascendencia de su legado.

Para el presidente Carranza era vital restaurar el orden constitucional. Luego de las condiciones en que había quedado el País tras años de revolución, resultaba fundamental regenerar el tejido en una sociedad desgastada, con los trabajadores que enfrentaban la inflación y la escasez de la moneda que afectaba los salarios. 

El año de la promulgación de la Constitución, 1917, estuvo marcado por el hambre y el alza descontrolada de precios.

El autor lo define como un reformador nacionalista, cuyo proyecto era preservar el orden social de la manera en que él lo asumía: una nación en la que convivieran grandes capitalistas y hombres educados con la mira puesta en el progreso.

Para niños y jóvenes, las figuras referenciales son importantes. La familia, los amigos, la escuela y estos personajes que ayudaron a construir una nación, la nación cuyo territorio pisan, bajo los mismos cielos estrellados, soles inclementes, nublados imposibles: nuestros paisajes, con los cuales y por los cuales somos quienes somos.

Saludamos esta obra, que esperamos sea incentivo para continuar trabajando en la historia destinada a públicos infantiles y juveniles.