A la fecha hay al menos 17 traducciones de El Quijote al inglés, sin incluir versiones abreviadas ni revisiones que ha habido de mero retoque a otras anteriores. Es el inglés el idioma al que hay más traducciones, seguido muy de cerca por el francés, que  registra catorce.

Una obra como la insigne novela cervantina que “no es traducida, está publicada sólo a medias”.

Uno de los dos más recientes traductores de El Quijote a la lengua inglesa, el británico John Rutherford, ha hecho un interesante repaso histórico de casi todas las traducciones anteriores a la suya. Va al efecto una muestra de sus comentarios.

Como se sabe, el primer idioma al que se tradujo El Quijote fue el inglés, en 1612, sólo de la I Parte naturalmente, toda vez que la II vio la luz tres años después, en 1615. La traducción es de Thomas Shelton, un católico nacido en Dublín de padre inglés y madre irlandesa, quien estudió en el colegio irlandés de Salamanca, en España. En la introducción dice que sólo tardó 40 días en llevar a cabo su trabajo, lo cual no parece creíble por más que se nota hecho de prisa y defectuoso. Se considera que la traducción de la II Parte, aparecida en 1620, no es de él sino de un contemporáneo suyo de nombre Leonard Diggs.

La segunda traducción, de 1687, fue de John Philips y por extraordinariamente mala jamás ha vuelto a ser editada.

La siguiente, de 1700-1712, fue de Peter Motteux, “un protestante francés que emigró a Inglaterra”, por lo cual se considera improbable que haya sido el verdadero traductor. Se cree que siendo un capitalista adinerado “juntó a unos cuantos pobres traductores anónimos para explotarlos”. Sin embargo, es una traducción homogénea en la que no se notan diferencias de estilo. Ha sido una de las traducciones de mayor éxito comercial, reeditada continuamente a lo largo de los años, probablemente por su estilo ameno y gracioso y ser mejor traducción que la de Shelton y desde luego que la de Philips.

La cuarta traducción, de 1742, fue del irlandés Charles Jarvis, mejor en exactitud semántica que las anteriores pero inferior en elegancia y gracia por su estilo uniformemente literario. No obstante su frialdad, fue muy exitosa a lo largo del siglo XIX, durante el cual se reeditó en numerosas ocasiones. 

La quinta, de Smollet, en 1755, fue señalada, aparentemente sin fundamento, de haber sido traducida de una edición francesa o a partir de la versión de Jarvis. A pesar de ello, tuvo numerosas ediciones en la segunda parte del siglo XVIII y hasta principios del XIX. Después, durante siglo y medio no volvió a publicarse, hasta 1975 en que apareció una nueva edición y luego, en 1986, la más reciente, con prólogo de Carlos Fuentes. 

Y así podríamos seguir con las demás traducciones al inglés. Lo cierto es que jamás podrá haber traducción perfecta, y menos aún si se trata de El Quijote. Por más que el traductor se empañe, nunca lo logrará. Y no es sólo problema del tiempo invertido en la traducción para alcanzar ese utópico objetivo.

Don José María Casasayas, ferviente cervantista de las Baleares, publicó en 2002, un par de años antes de morir, su traducción de El Quijote al dialecto mallorquín, trabajo que le llevó cuarenta años, porque unas veinte versiones previas que realizó no le dejaron satisfecho. Y lo más probable es que la última tampoco.

Edith Grossman, traductora por cierto de las obras de García Marquez al inglés, comenta que tardó dos años en realizar su traducción de El Quijote, sólo por razones de lo estipulado en el contrato firmado con su editor, pero que pudo haberle llevado mucho más tiempo. Por su parte Rutherford confiesa:  “Yo tardé seis meses en terminar un primer borrador de la primera parte, trabajando unas cien horas a la semana, y después lo revisé durante un par de años más”.

Dicen algunos que El Principito de Saint-Exupéry está traducido a entre 250 y 400 idiomas y dialectos diferentes, más que las 180-190 lenguas que lleva El Quijote. Es probable, aunque no he localizado mayor información que avale aquellas cifras. El Principito es sin duda una excelente novelita que se lee en un día y que quizá se pueda traducir en un par de semanas. Que ni remotamente es el caso de El Quijote. (66)

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