La palabra “tránsfuga” tiene tres acepciones: 1) Persona que pasa de una ideología a otra. 2) Persona que no abandona el cargo público al separarse del partido que lo postuló. 3) Militante que cambia de bando en tiempos de conflicto.

Respecto a cambiar de ideología hay un dicho satírico al respecto; “De joven incendiario y de viejo bombero”. Lo dice de una manera más retórica José Emilio Pacheco en “Antiguos Compañeros se Reúnen”: “Ya somos todo aquello contra lo que luchamos a los veinte años”. Muchos lo han hecho y no es criticable, el mejor ejemplo de ello es Francois Mitterrand, el político que pasó de la derecha a la izquierda y que nunca fue acusado de traidor.

Dejar el partido que lleva al poder para unirse a otro sin abandonar el cargo tiene ribetes de ingratitud y deslealtad. La vociferante Lilly Téllez es el ejemplo más reciente de esa mudanza tránsfuga.

Pero el militante que cambia de bando en pleno conflicto es lisa y llanamente un traidor. Y hay que decir que esta ha sido una época plagada con este tipo de tránsfugas, tanto a nivel nacional como en Coahuila, desertores que han colocado sus intereses particulares por encima de los intereses colectivos de su propio partido. Priistas que se fueron a Morena. Panistas igual. Por una alcaldía, una diputación o una regiduría.

Por el contrario, el diccionario define la palabra “lealtad” como el cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad, las del honor y la hombría de bien. Y es alentador que frente al proditorio ejemplo de los tránsfugas aún existan virtudes como la lealtad, la congruencia, el honor y la gratitud.

Y qué bueno que haya panistas y priistas fieles que no brincaron al caos de la 4T. Los que lo hicieron ya se arrepienten. Nunca entendieron la esencia de la política mexicana, la que bien define Elías Romero Apis, un clásico del PRI: “La política no es línea recta ni tiene palabra de honor. Con algunos es pródiga y dadivosa. Muchas veces paga a quien no le debe y obsequia a quien no lo merece. Otras veces es díscola y avara, regatea a quien le debe y le niega a quien lo merece”. La política es veleidosa, y los verdaderos políticos la comprenden y así la aman.

Todo un paradigma respecto a esa fidelidad es don Mario Gómez del Bosque, exalcalde de Ramos Arizpe, un hombre al que imaginamos como el “Sabio del Portal” (Ruiz Cortines), el personaje de Carlos Fuentes que va dispensando sabiduría política en su trayectoria. Fiel al PRI aunque no haya candidaturas, la mejor lección de su vida es su lealtad. Por eso no es de extrañar el respeto que sienten por él sus paisanos. Don Mario encarna en sí mismo esa fuerza sublime que es propia de la excepción. Un político excepcional.

Digno de mención es Chema Fraustro Siller, un político discreto, maestro del equilibrio y la concordia, firme en sus convicciones y flexible en su acción política. Aquí lo hemos criticado, es cierto, pero hoy, en este contexto es necesario reconocer un logro de su trayectoria política: la Asociación de Servidores y Exservidores Públicos Priistas que, si aglutina a los militantes que están en el poder, con mayor razón es loable que mantenga unidos a los que están en las sentinas de la banca, y pese a ello no son tránsfugas, lo cual es admirable, y en esa capacidad que tiene Chema para unir y conciliar está la trascendencia de su trayectoria política.