Creo que erróneamente, algunos analistas han exagerado sobre las diferencias que han tenido recientemente algunos representantes del sector privado con algunos representantes de Morena y su candidato a la Presidencia de la República, al sugerir que se está incitando a la lucha de clases de la que Marx escribió hace 150 años. Sea como broma o como parte de un análisis simple, nada tiene que ver lo que Marx pensaba rigurosamente sobre un tema de filosofía, con un tema eminentemente electoral que se habrá de resolver en menos de dos meses. Un tema electoral en lo inmediato y de intereses económicos a mediano y largo plazo.

Así que la diferencia entre ambos bandos es fundamentalmente política, pero también ideológica y económica. En lo personal creo que, aunque no terminaran por aceptar las posiciones de cada uno, tampoco veo que sean irreconciliables, dado que hay muchos intereses, inversiones y proyectos futuros por desarrollar conjuntamente. Ambas partes se necesitan en caso de que AMLO sea el próximo presidente. También habrá que ver cómo queda conformado el Congreso. Hasta en tanto estemos en campaña, seguirán los dimes y diretes de cada lado, como parte del juego electoral. Así funciona en cualquier otra democracia.

Si a AMLO le ha funcionado crear amplias bases de apoyo electoral al criticar y señalar lo que él llama minorías rapaces, o grupos de la mafia del poder, por haberse beneficiado supuestamente de contratos a modo, ¿por qué razón habría de cambiar su mensaje en este momento? Al contrario, le beneficia y mucho, mantener un mensaje anti-sistema, que es bien recibido por la población que en general se siente agraviada por el statu quo, lo cual incluye a diversos grupos que no necesariamente pertenecen al sector empresarial, también a grupos de poder político.

Hay una diferencia política de coyuntura porque algunos grupos empresariales importantes no quieren apoyar electoralmente a quien impulsa la adopción de un modelo económico que funcionó muy bien en los años 60, llamado desarrollo estabilizador, en donde el Estado tenía una gran presencia para involucrase en el desarrollo económico del país, como parte del marco constitucional que reconocía a la economía mixta, en donde debían de converger la participación del Estado y el capital privado, pero preponderantemente bajo el auspicio del Estado.

Claramente es un modelo que funcionó hace 50 años, bajo las premisas de un gobierno autoritario con sistema de partido hegemónico, en donde había una gran proclividad por impulsar diversas políticas públicas de orientación social, para justificar el discurso del nacionalismo revolucionario. Ahora nada de eso existe, y claro que hay dudas de que pueda ser eficaz. En las agendas de los empresarios claramente no es una opción y, por ello, hay resistencias para apoyar un modelo con estas características. En otras palabras, no es negocio para ellos.

Entonces se percibe que, en el ejercicio de su libertad y la promoción de sus intereses, estén apoyando otras opciones. Según se dice, han optado por Ricardo Anaya, al ser el candidato que puede ser más competitivo en las actuales circunstancias. No lo sé, pero no debe ser tema para ser penado ni fustigado socialmente. Entiendo que en la democracia cada quien es libre de ejercer el derecho al voto, como mejor le convenga y en plena libertad. Tal vez el mensaje de AMLO es para evitar que inicien campañas negras en contra de su candidatura, por ello su vehemente defensa de las causas que impulsa. Y en eso nadie puede dudar de su experiencia. Con esta es su tercera campaña presidencial y seguramente es conocedor de los estragos que puede generar una campaña anticlimática a estas alturas.

Pase lo que pase, lo importante es que hoy tenemos una democracia que nos permite identificar lo que cada quien propone. Ahora nos toca a los ciudadanos pensar que es lo que más nos conviene, para ejercer posteriormente un voto informado y responsable.

Twitter: @Jorge_IslasLo