Emotivo. El reencuentro de los menores con sus padres con el regreso de la normalidad, estuvo lleno de lágrimas. ESPECIAL
La mayoría de los pequeños se encuentra en medio de un juicio legal para determinar si sus padres volverán por ellos y reintegrarse al hogar al que un día pertenecieron

Los albergues del DIF abrieron sus puertas tras casi año y medio de restringir el paso a familiares, voluntarios y benefactores.

Niños, niñas y adolescentes en custodia del Estado recibieron a sus padres, abuelos o tíos, aunque las medidas impuestas por la pandemia en la nueva normalidad impidieron poder abrazar, besar o tener contacto físico con los pequeños.

Cabe recordar que durante este tiempo, las visitas se suplieron por videollamadas o llamadas telefónicas, para evitar que alguien ajeno ingresara albergue y así proteger a los menores y personal de un contagio.

La mayoría de los pequeños se encuentra en medio de un juicio legal para determinar si sus padres volverán por ellos y reintegrarse al hogar al que un día pertenecieron, otros más (en proceso de adopción) continúan en espera de convertir a una mujer en madre que los cuide y proteja, a quien puedan abrazar, besar y llamar mamá.

Los futuros padres suplen los cuidados apoyándolos en las tareas de la escuela, alimentándolos, cambiándolos, bañándolos y sin que esta sea una obligación.

Entre las nuevas reglas para visitar estos albergues, se encuentran: que los familiares no lleven alimentos, pues anteriormente casi todos los familiares acudían con postres o dulces para comer durante la hora y media que permite el albergue convivan con los menores.

El personal de los albergues Varonil, Casa Rosa y Casa Cuna implementó el protocolo para colocar gel antibacterial, toma de temperatura y revisar que cada familiar que ingresara llevara puesto el cubrebocas de forma correcta.

El término de la visita se descartó la detección de algún caso sospechoso, aunque el llanto de algunos pequeños se dejó escuchar al despedirse de sus familiares.